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Será mostrado si existe



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Escrito por Alejandra el 03/04/18

MIRADAS


No hubiera sido fácil con diecisiete años, después que sus padres le dieran la espalda, criar un hijo. Su amor desapareció acobardado y había quedado sola.

En el hospital donde tuvo el parto, le ofrecieron que lo dejara para que lo adoptaran y, en su desesperación, aceptó.

Volvió con sus padres que no hicieron preguntas cuando la vieron sola. Pudo terminar sus estudios, aunque cada día al levantarse, le pedía a Dios por su hijo y cada noche al acostarse, le pedía a Dios para que algún día, antes de morir, le diera la dicha de poder mirar a los ojos a ese hijo que tuvo que abandonar.

El tiempo pasó. La vida ó. Se casó después de terminar la carrera de Sociología. Tuvo dos hijas, y mucho tiempo después quedo viuda y aunque toda su vida lo busco en los ojos de aquellos niños a los que ayudaba, nunca supo de él. Ahora era mayor y estaba enferma, ya no tenía esperanzas de encontrarlo o tener noticias suyas, pero aún le pedía a Dios que lo pusiera frente a ella para pedirle perdón.

Ya había cumplido sesenta y dos años y su corazón le suplicaba que le permitiera seguir latiendo. Estaba con un tratamiento riguroso, su médico le había aconsejado a sus hijas que no debía pasar disgustos porque cualquier crisis podía ser fatal.

Una tarde llego hasta su puerta un hombre. Pregunto por ella con nombre y apellido. Su hija mayor, Lucia, le pregunto para que la buscaba.

—Soy su hijo— respondió. Ella quedo fría.

—Mi madre solo tiene dos hijas. Si vuelve a aparecer por acá, lo hare meter preso. ¡Desaparezca!— y cerró la puerta sin escuchar explicaciones. El hombre insistió y volvió a tocar timbre. Lucia en la casa llamo con urgencia a su hermana

—No vas a creer lo que pasó…

Lucia salió a la puerta ante la insistencia del desconocido

—Escúcheme, mi madre está muy enferma y lo que menos necesita es que llegue un tipo a decirle semejante estupidez. ¡Retírese! Porque le aseguro que estoy hablando en serio, ¡voy a llamar a la policía!

Cuando minutos después llegó Catalina, la hermana restante, el hombre aún estaba en la puerta.

—¿Usted es el supuesto hijo?

—Estoy dispuesto a hacerme un ADN, pero hace años que la busco. Yo soy su hijo.

—Mire, mi madre está muy enferma del corazón, no puedo decirle esto porque podría ser fatal, podría morir, ¿entiende? Usted vivió toda la vida sin ella, no le va a afectar seguir haciéndolo. ¡Pero ella es nuestra madre! Es la que nos parió, nos crio, nos amamantó, llevo a la escuela, curó nuestros males ¡y nos limpió los mocos! Por favor… si le digo que apareció su hijo, que existe la posibilidad de que sea usted… ella se va a morir… no va a soportar la noticia, su corazón no lo va a resistir. Si en realidad es su hijo y la quiere, váyase.

El miró sus ojos suplicantes y respondió —¿Usted se está escuchando? ¿Se da cuenta lo que me está diciendo? Usted disfrutó de ella toda la vida, mientras yo la estaba buscando. Usted conoce las caricias de sus manos, sus besos, sus abrazos, mientras yo me imaginaba cómo serían. Ustedes tuvieron la dicha de ver sus lágrimas de emoción en su boda, mientras yo deseaba con mi alma, ¡levantar los ojos y verla allí! ¡Conmigo! Yo no quiero que se muera, ¡quiero conocerla y disfrutar de ella lo que nos queda vida!

Ella lagrimeaba preocupada.

—Mire— le dijo —discúlpeme, pero yo no tengo la culpa de su vida. No voy a permitir que mi madre muera para que usted se sienta realizado. Váyase, desaparezca, porque si no lo hace lo voy a denunciar, lo voy a hacer meter preso y toda su vida se vendrá abajo. Olvídese de nosotras y no vuelva nunca más.

Entró a la casa y lo dejo solo. Él pretendió insistir, pero lo pensó unos minutos y se fue.

Lo que siguió después fue un calvario para todos. Él les puso una demanda exigiéndoles que le permitieran conocerla y que ella supiera de su existencia.

Hicieron el ADN, diciéndole que era un análisis de rutina.

Su médico hablo con ella, cautelosamente, incitándola a que le contara aquella historia.

—Es cierto, hace muchos años que tengo una espina clavada en mi corazón.

Y así le confesó porque hoy estaba tan enferma.

—Todas las medicinas y los tratamientos, incluso el amor de mis hijas, no podrán curar el dolor de ese hijo que abandoné.

—Pero, ¿te das cuenta que si apareciera ahora, la emoción podría matarte?

Ella sonrió.

—¿No se le ocurrió a usted que tal vez sería la medicina perfecta, el abrazo de mi hijo?

El médico concluyó que aquella situación podría ser más beneficiosa que perjudicial.

El ADN fue positivo. La demanda salió a favor de él. Después de aquella emoción tan fuerte, su hijo se internó con ella, pasaron horas interminables contándose la vida, llorando de dolor y de alegría, sin soltarse las manos.

Cinco años después, cuando ella murió, su última mirada, fue para él.


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Escrito por Alejandra el 03/04/18

DONDE SE HABRÁ METIDO EL SOL


“¡Urgente! ¡Noticia de último momento! Son las diez treinta y el sol aún no ha salido. El pueblo esta sumido en una terrible oscuridad ¿donde se habrá metido el sol? ¡Seguiremos informando!”

Así comenzó aquel lunes en el pueblo “LOS YUYALES”. La noche se había extendido porque el astro no salió a la hora habitual y aunque los lugareños estaban muy sorprendidos y medio adormilados, debían iniciar sus actividades cotidianas.

Días atrás habían comenzado con los preparativos para el festejo de los setenta y cinco años del pueblo. La gente quería participar: la escuela, la policía, el concejo municipal, el ballet folclórico, los niños, los adultos… y hasta los perros…

Había que hacer una gran fiesta, los organizadores corrían de un lado a otro con tanto trabajo. Todo debía quedar perfecto, estaban tan entusiasmados que el sol no pudo menos que acompañarlos y les regaló unos días hermosos.

Aquel domingo los actos comenzaron bien temprano con una misa en la iglesia del pueblo. Todos los yuyaleros estuvieron presentes para agradecer a Dios por los setenta y cinco años de prosperidad. El sol los acompaño filtrando algunos rayos por los vitrales del templo. El intendente hizo un excelente discurso y entrego diplomas de honor a los habitantes de más edad. Hubo desfile de la policía, los bomberos, las escuelas, la municipalidad y ciudadanos ilustres. Al mediodía, hubo un gran asado con la actuación de cantantes y el ballet folclórico popular. Esto duró hasta las cinco de la tarde. Luego de un receso, se realizaría a la noche el gran baile a beneficio del hospital. El sol, que había brillado esplendorosamente y el aroma del asado lo dejo embelesado, absorbió todos los restos de vino que quedaron al azar bajo su luz, Él también estaba muy alegre y no se quería retirar. El baile empezó a las ocho y aun brillaba en el ocaso. La gente estaba tan feliz que nadie se dio cuenta.

Los “Yuyeros tropicales” animaban la ocasión a pura salsa, merengue y cuarteto y a las diez de la noche todos estaban en la pista bailando. El intendente había perdido la corbata, el cura la sotana, las nenas con los nenes, los novios con sus novias y hasta los abuelos tiraron el bastón para sacudir las caderas.

Afuera, el sol, que estaba contagiadísimo de la fiesta, invitaba a bailar a las estrellas que ya esperaban para ocupar su lugar. La luna avergonzada de verlo borracho y bailando merengue, no quería ni asomarse.

Después de varios bises, la fiesta termino de madrugada, con sus participantes descalzos y muertos de cansancio. Fueron desparramándose cada uno a su casa para dormir e intentar comenzar el día a las siete. ¿Y el sol? El sol no se escondió, propiamente se cayó por el oeste, feliz y cansadísimo por aquel día tan largo.

Los pobladores tardaron en despertarse aquel lunes, pero eran responsables y fueron a cumplir con sus obligaciones, el intendente a su oficina, el cura a misa, los niños a la escuela, los adultos al trabajo… Pero al salir de sus casas aun era noche cerrada, las estrellas titilaban agotadas. ¿Y el sol? Ni noticias de él, las estrellas y la luna no podían despertarlo.

A las once de la mañana, se levantó apurado y después de un chapuzón en el atlántico se instaló en su lugar como si nada. Los yuyaleros, entre sorprendidos y aliviados se vieron otra vez iluminados y en medio de un día pleno. Se miraron unos a otros y comprendieron, el sol se había quedado dormido, después de aquella insólita fiesta.


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Maria Alejandra Olariaga ©

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Escrito por Antonio el 05/04/18

Mi cuñada


Soy el hermano menor de tres hermanos y dos hermanas. Erick el mayor de todos me lleva 8 años y siempre ha sido un abusivo con los demás; pero a pesar de eso, la vida me ha dado la oportunidad de desquitarme de él, por eso cuando tuve la oportunidad de cogerme a mi cuñada, no lo pensé dos veces. Mi padre nos dejó para irse a Los Estados Unidos cuando yo tenía solo diez años y jamás volvió, mi madre nos crio a todos trabajando como personal de seguridad en una empresa, por lo que estaba un día sí y uno no. Cuando yo tenía solo 16 años, mi hermano Erick se había casado hacía dos años y su esposa, Laura, era una chica de 18 años y para ese entonces tendría ya 20. Era una linda muñequita delgadita, rubia, de culito parado y tetitas erguidas; pero tenía un carácter terrible. Una noche en que mi madre le tocó trabajar, mi hermano llegó por la madrugada en su auto a la casa y se estacionó pegado a la puerta, se bajó casi corriendo, abrió la puerta con su llave y abrió la puerta del cuarto que era suyo cuando vivía ahí, cargó a Laura, quien iba inconsciente y la acostó en la cama, enseguida cerró la puerta y me vio parado en la penumbra, en medio de la sala, yo estaba un poco preocupado porque pensé que les había sucedido algo; pero no, ella estaba borracha y había sido drogada por él para que se durmiera y pudiera regresar a la fiesta donde estaba, ahí lo esperaba otra chica para coger mientras ella dormía en la casa. Eso me explicó en pocas palabras, además de que la llevó ahí porque la fiesta estaba más cerca de ahí que su casa y me advirtió que no la despertara porque me pesaría. Cerró la puerta con llave nuevamente y se largó aprisa. Lo que él no sabía era que mi madre tenía duplicado de esas llaves para poder hacer la limpieza y yo sabía dónde las guardaba. Después de cerciorarme que no regresara Erick y ponerle seguro a la puerta principal por si las dudas, abrí el cuarto y vi que Laura estaba acostada aún con las zapatillas puestas. Traía un vestido estrecho color hueso que le llegaba arriba de la rodilla, con el cierre en la espalda. La moví suavemente poniendo mi mano en su estómago, si despertaba le diría algo para justificarme; pero no lo hizo ni cuando la moví fuertemente, no lo pensé más, le quité los zapatos y la volteé bocabajo para sacarle el vestido, se quedó solo con un sostén blanco muy pequeño y una tanga del mismo color, no me anduve por las ramas, la desnudé completamente con desesperación, sabía que el efecto de la droga no duraría mucho, así que la besé en los labios y de inmediato pasé a sus pechos y de ahí a su coñito el cual estaba peludito pero sin exageración, abrí sus piernas y olfateé por primera vez aquella vagina que tantas veces se me había antojado, olía a limpio. Me saqué el pijama lo más rápido que pude y colocándola a la orilla de la cama con sus piernas en mis hombros, se lo dejé ir hasta el fondo de un solo golpe, mi verga entró como cuchillo en mantequilla, su interior estaba calientito, como no había tenido hijos aún, apretaba riquísimo. Le daba unas embestidas que a pesar de estar dormida, comenzó a gemir y su vulva segregaba sus líquidos ya de forma automática. Yo estaba excitadísimo por el temor de que despertara y armara un escándalo o de que regresara mi hermano y me descubriera en esa situación. Pero afortunadamente no sucedió nada, yo seguía ahí follándomela, mientras le mordisqueaba los pechos, le chupaba las tetas y la besaba en la boca. Curiosamente, en su inconsciencia, reaccionaba a sus instintos, respondiendo a mis besos, gimiendo y moviendo su cuerpo de una forma espectacular, lo que me provocaba unas sensaciones de lo más placenteras. Cambié la posición a la de misionero y ahí ella me abrazó y sentí aún más rico por los apretones que me daba su cuevita, en eso estaba cuando comenzó a hablar entrecortadamente.

-Martín, oh, mi amor, así… Sigue, dame más duro. Métemela hasta adentro.

Yo no hablé por temor a que despertara al reconocer mi voz; pero sabía a qué “Martín” se refería, era un amigo de mi hermano que los frecuentaba mucho porque trabajaban juntos.

-Mmm, bésame, así, dale fuerte, como tú sabes.

Yo creo que estaba soñando, pero eso me excitaba y yo seguí dándole. Hasta que ella dijo algo que me tomó de sorpresa.

-Oh, Martín, ahora dame por el culo. Ya estoy bien caliente, como a ti te gusta. Este culito es tuyo nada más. Métemela hasta dentro, quiero sentirte por ahí.

Se dio la vuelta y se abrió las nalgas, yo no me la creía; pero sin pensarlo mucho y tomando un poco de los jugos que chorreaban de su papaya, le lubriqué el hoyo trasero y clavé mi palo poco a poco, pero firmemente hasta que solo quedaron afuera mis huevos. Ella con el trasero levantado, movía la cintura y empujaba sus nalgas hacia atrás, estando de a perrito, le acariciaba la vagina y le sobaba el clítoris.

-Martín, que rico me lo haces. Me voy a venir, dame toda tu verga y lléname de leche, quiero sentirla hasta dentro.

El mete saca era tremendo y sentí como su ano apretó con fuerza mi pene, en mi mano podía sentir sus orgasmo saliendo a chorros y no aguanté más, me vacié dentro de ella, empujando hasta quedar los dos acostados bocabajo yo encima de ella y con el palo dentro de su hoyo aún.

Después de eso, ella se quedó profundamente dormida. Aproveché para cambiar la sábana que estaba toda mojada, con la misma le limpié los dos orificios, posteriormente la vestí y la dejé con los zapatos puestos como estaba, en la misma posición que la había dejado mi hermano. Realmente no sé cuánto tiempo transcurrió; pero apenas habían pasado unos minutos de haberme acostado, volvió mi hermano y con la misma prisa, se llevó a mi cuñada. Yo ni siquiera me levanté y él no se tomó la molestia de hablarme. Claro que más adelante aprovecharía los que había dicho entre sueños para poder cogérmela ya despierta; pero eso se los contaré luego.

Espero sus comentarios, críticas y sugerencias.


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