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Escrito por Prometheus el 05/02/18

El Mal Camino


Julia estaba harta de su trabajo. Ser prostituta, dama de compañía, chica de alterne, como quiera llamársele, no era lo que había pensado en su momento. Es cierto que había conseguido una buena estabilidad económica. Pudo saldar las deudas dejadas por su padre antes de morir, le da una vida de reina a su madre quien solo piensa en el dinero y paga la educación de su hermana menor, cuya universidad es bastante cara. Acostarse con hombres y algunas veces con mujeres no tenía el glamour que ella creyó cuando se metió en este negocio. Uno de sus problemas principales eran las continuas peleas que tenía con doña Inés, su madre, quien siempre le estaba queriendo imponer reglas. Siempre estaba comparándola con Claudia su hermana. “No te vistas así”, Claudia si tiene estilo “No me gusta fulana” Claudia si sabe elegir sus amistades “Ese hombre no me inspira confianza”. Estaba tan harta que ya no llevaba a nadie a su casa porque su madre siempre tenía un pero para todo. Una vez le dijo: “Vas por mal camino, Julia” y lo mejor de todo es que su madre no sabía cómo ella se ganaba la vida. Pensaba que trabajaba en una empresa de modelos de ropa interior y que hacían muchos viajes fuera del país. Eso hubiera abierto una brecha insalvable entre ambas, aunque doña Inés hubiese seguido viviendo de los emolumentos conseguidos por ella.

Ayyyyyyy, estaba que se la llevaba el mismo diablo por esta situación. Un par de meses atrás le había regalado un coche a su hermana para que fuera a la universidad y su madre puso el grito al cielo. Ella hubiera preferido ampliar el jardín o construir un cuarto anexo en el patio. Poco tiempo después le sugirió que contratara a una chica para limpiar la casa. Que su espalda, que las rodillas, que los huesos. Julia no se dejó convencer. Dijo que no, que como ella estaba todo el día en la casa no era necesario, que tampoco era tanto lo que tenía que hacer. No es que Julia no pudiese pagar una persona para el servicio doméstico, simplemente no le dio la gana. Su madre le había amargado mucho la vida en los últimos meses.

Julia estaba en uno de sus viajes de trabajo. Su cliente de turno era un empresario bancario. Era su primera vez con él, pero en esa ocasión ella no se sentía en la mejor disposición para realizar su labor con la eficiencia de siempre. No estaba de buen humor y la posibilidad del acto no llevaba buen camino. Ya en la habitación de un lujoso hotel, evadía los besos en la boca, tampoco había querido desvestirse por completo a pesar de que el tipo era físicamente agradable. Era algo instintivo que la hacía repelerlo. Él se estaba enfadando, ella sabía que una queja podría reportarle problemas con la empresa, pero en ese momento no le importaba. En un momento determinado el tipo la agarró por el cabello y le dio una bofetada mientras le lanzaba improperios. Le desgarro el sostén y sus hermosos pechos quedaron al aire. La arrojó a la cama con una violencia inusitada mientras seguía golpeándola e insultándola. Julia, vio la sangre brotar de su nariz se había quedado paralizada por el sorpresivo ataque trató de defenderse. Pero el hombre era muy fuerte y la sometió muy pronto. La despojó de la pequeña tanga de encajes que usaba y le apretaba los senos con rudeza, retorciendo los pezones y causándole mucho dolor. Le abrió las piernas mientras con tal fuerza que Julia pensó que se las había dislocado. Trató de forcejear pero no pudo, así que entonces decidió aceptar lo que el destino le estaba dando. Miró al blanco techo de la habitación y se imaginó un campo de flores, hojas amarillentas caídas en cualquier otoño, una playa de finísimas arenas y olas encrespadas o en una cabaña en un bosque, con tejado de zinc y una chimenea, bajo un fuerte aguacero, leyendo un libro, o bordando un mantel o simplemente haciendo el amor como Dios manda. El hombre se movía en su interior. Ella sabía que estaba ahí, lo veía sobre ella, pero no lo sentía. De hecho, sabía que le estaba haciendo daño, pero ella decidió ignorar su presencia. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Dos minutos? ¿Dos horas? ¿Un siglo? Ya no estaba bocarriba mirando el techo, ahora se encontraba con el hombre a sus espaldas sodomizándola. Julia sentía un líquido correr por sus muslos. No quería saber si era sangre o fluido seminal, no le importaba, todo lo que quería era que terminara y la dejara en paz. Darse una ducha y marcharse a su casa, a su cama, a dormir, dormir, dormir y nunca despertar.

“Eres una muerta, un maldito pedazo de hielo, puta del diablo, al menos podrías gritar, podrías quejarte, podrías protestar”. Ella no le dio el gusto de responderle, solo quería dormir. El hombre la volvió a colocar frente a él y volvió a poseerla mientras la insultaba y la golpeaba nuevamente. En el rostro de Julia se apreció el esbozo de una sonrisa mientras más y más puñetazos caían en él. Era muy temprano en la mañana cuando una pareja que corría la encontró en el interior de un parque. Bocarriba, aun desnuda, con unos billetes manchados de tierra entrecerrados en una de sus manos. La herida en el cuello por la cual había brotado la sangre dijo sin palabras su último adiós. Tres días después su cuerpo fue entregado a su madre y hermana. No hubo muchas explicaciones, había muerto en un asalto mientras volvía a su casa. Doña Ines estaba pensando en que Claudia tendría que hacer algunos sacrificios a partir de ahora. Claudia pensaba en que debía buscar otra madrina para la graduación. Quizás su madre tendría razón al final y Julia realmente se hallaba en un mal camino.


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