Quienes somos Inicio Poesías Recomendamos Nuestros productos Música y cine Entrevistas Noticias Revista Libro de visitas Mapa web Premios Www.ratondebiblioteca.es Visiones Miembros de Www.ratondebiblioteca.es

 Noviembre - 2017 

 L ¦ M ¦ M ¦ J ¦ V ¦ S ¦ D  S 

                 1     2     3     4     5  

   6     7     8     9    10   11   12 

  13   14   15   16   17   18   19 

  20   21   22   23   24   25   26  

  27   28   29   30    25 

       Agenda cultural de
  www.ratondebiblioteca.es ©




   


Será mostrado si existe



Publicidad
Escrito por Prometheus el 09/11/17

El chocolate de Lys III


La fiesta estaba en su mejor momento. El alcohol corría como un rio desbordado. No se habían escatimado gastos para la celebración de las promociones y nuevos socios de la famosa empresa inmobiliaria. Mónica conversaba con algunas compañeras y miraba nerviosa su reloj cada 5 segundos. Lys no había llegado aún y temía que no se hiciera presente porque en último momento su madre, que estaba delicada de salud había empeorado y tuvo que llevarla al hospital. En la fiesta se esperaba a los socios internacionales y otras personalidades de la política y alta sociedad del país. El grupo de Mónica estaba conformado por dos supervisores y cuatro agentes subalternos para cada uno. Ella era una de las supervisoras y su competidor inmediato era el otro supervisor, Waldo. Aunque Mónica tenía todas las posibilidades para ganar, Waldo y su grupo también habían trabajado arduamente para ganar el premio. Había unas doscientas personas en el gran salón de ese hotel de lujo. En un extremo del bar colocado para la ocasión, Waldo y sus cuatro subalternos conversaban trivialidades. Con un vaso de whisky en la mano, no dejaba de mirar a Mónica y a su grupo. Él estaba seguro que de que ganaría porque tenía ascendencia con los jefes de arriba y estos le habían dicho que su trabajo fue inmejorable. Para su entendimiento esto era seguridad a su ascenso.

El premio venía con una cantidad en efectivo, un auto nuevo, más incentivos por ventas y otras bonificaciones. Y por supuesto, una oficina más grande y más personas agregadas a su grupo. De repente, como si el universo se hubiera tragado todo el aire existente, se hizo un silencio total. Hasta que empezó a escucharse el sonido de unos tacones en el piso, nadie pareció reaccionar a la condición de estatua momentánea en la que los había sumido el estupor y la sorpresa. Todas las miradas se centraron en la irreal mujer que acababa de entrar al salón. Un cuerpo angelical envuelto en un vestido rojo. Unos ojos transparentes como el cristal. El negro cabello suelto hasta la cintura, ondulaba a cada paso. Una cadencia al caminar parecida a la de las olas de un impetuoso océano. Una estela de perfume que dejó a todos con la boca seca. Una mano pequeña y delicada con monedero a juego con el collar y los aretes. Una sonrisa que paralizó todos los corazones presentes. Mónica sonrió. Ella sabía muy bien quien era capaz de detener el mundo con una mirada. Todos los camareros al mismo tiempo se acercaron a ofrecer las bebidas de sus bandejas y ella con un simple gesto de su mano y eterna sonrisa, rechazó a todos. Mónica le hizo un saludo desde donde estaba y Lys caminó hacia el grupo con su innata elegancia. Hubo personas que todavía no reaccionaban y no dejaban de mirarla.

Incluso algunos pensaron que la chica era alguien que se había equivocado de lugar porque a primera vista nadie parecía conocerla.

Pero al verla acercarse al grupo de Mónica, darle un breve beso en los labios y tomarla de la mano, supieron por quién había venido a la gran fiesta. Mónica presentó a Lys a sus compañeras y a todos los que se acercaron a saludar con la excusa de verla más cerca. Hasta Waldo, que tenía fama de conquistador y de que ninguna mujer se le resistía, vino al grupo a probar suerte. Claro que era de conocimiento público la preferencia sexual de Mónica y suponían que aquella chica era “su amiguita” pero a Waldo eso le tenía sin cuidado. Él podía muy bien curar de ese problema de lesbianismo a la morena de increíbles ojos sin color. Mónica llamo un camarero y pidió un jugo de frutas para Lys, que no tomaba alcohol mas que con ella y en la casa. Un vaso de cerveza o una copa de champagne era todo lo que se permitía muy de vez en cuando. Míster Brown, gerente de la empresa, también se sumó al grupo totalmente curioso y ansioso por conocer a tan fascinante criatura, que sin decir una palabra tenía a todos asombrados. No es que no hubiera hermosas mujeres en la fiesta, es que Lys tenía algo indefinible, algo que la hacía diferente a todas las demás. Fue una sorpresa para todos, incluso para la propia Mónica, escuchar a Lys responder en un inglés perfecto, lengua nativa de Míster Brown, las palabras que este le dirigía. Waldo estaba mosqueado, la chica le estaba robando el show con el jefe mayor y eso no le convenía. Podía influir en su decisión a la hora de entregar el premio. Así que aprovechó un momento en que Mónica fue requerida por otros gerentes y Lys se quedó sola para poner en marcha un plan recién elaborado en su mente. Mónica no había tenido tiempo de advertirle la clase de persona que era su compañero y rival. Waldo ya había notado que Lys no tomaba alcohol, así que se le acercó con un vaso de zumo de frutas y la invitó a la terraza desde donde se veía toda la ciudad. Lys no quiso ser descortés con un compañero de trabajo de Mónica y aceptó sin intuir las verdaderas intenciones de Waldo.

-De modo que eres la pareja de Mónica. ¿Hace mucho qué eres lesbiana?-

Lys caló de inmediato la clase de tipo con el que estaba. Sonrió tomando un trago del zumo.

-¿Cuál es tu nombre?-

-Soy Waldo. Supervisor jefe de la empresa y seguro gerente de zona a partir de esta noche.-

-Ah, bien. Entonces eres la competencia de Mónica por el premio de hoy.-

-Disculpa si esto suena presuntuoso, pero aunque Mónica es muy buena en su trabajo y otras cosas que seguramente sabrás muy bien, ella no es competencia para mí. Ha trabajado duro este año, pero no llega a mi nivel.-

-Me alegra saber que no está abusando de sus conocimientos enfrentándose a un palurdo. Te diré, Waldo, que no soy lesbiana. No me mires así. No me encasillo en un concepto de género. Soy una mujer que ama a otra mujer, pero podría amar a un hombre, o a un tigre blanco de Siberia.-

-Eso me agrada. Significa que tengo oportunidad para llevarte a la cama.-

-Si yo quisiera, una cama no sería el lugar al que me llevarías. Una mesa, la pared o el piso son tan buenos para el sexo como cualquier otro.-

-Vaya. Tienes una lengua bien puesta. Sabes qué decir y cuándo. Ahora veo porque Mónica esta coladita por tus huesos. Eres una mujer muy hermosa, Lys. Yo podría darte cosas que ella apenas podría ofrecerte.-

-Supongo que es cuestión de interés.-

-¿A qué te refieres?-

-Que no me interesa nada de lo que puedas darme. De hecho, ni en esta vida ni cinco más que vivas, podrías darme lo que necesito.-

-Tienes razón. No tengo vagina.– y se echó a reír escandalosamente su propio chiste.

-Bueno, al parecer ya no tienes nada que aportar a esta conversación. No fue un gusto conocerte, pero es agradable escuchar palabras vacías algunas veces. Adiós.-

Waldo estaba molesto. Muy enojado. Y lo demostró tomando a Lys por un brazo de forma brusca y obligándola a dar la vuelta y mirarlo.

-Escucha bien, maldita tortillera. Ni tú ni tu amiguita tienen nada que hacer conmigo. Te crees la gran cosa porque llamaste la atención con ese vestido de puta barata y escupiste un par de palabras en inglés con el jefe. Ahora entiendo el jueguito de Mónica, muy astuta ella. Traerte aquí para distraer la atención de Mister Brown y a lo mejor hasta ofrecerte con tal de que le den el premio, mi premio. Pero eso no va a pasar, en primer lugar…-

-En primer lugar nada. O me sueltas el brazo en este instante o te arrepentirás toda la vida si no lo haces.– Lys dijo esto mirando a Waldo a los ojos y sin alzar la voz.

-Ramera estúpida, voy a…- cuando dijo esto haló a Lys hacia él e intento besarla a la fuerza, pero quizás debió hacer caso cuando ella le dijo que la suelte. Cuando Waldo acercó su cara a la cara de ella, Lys, con una finta de su cadera y un movimiento rapidísimo, se colocó de espaldas a él, lo agarró por un brazo y lo hizo dar una vuelta por encima de su espalda, cayendo al piso de manera tan sonora que muchos fueron a la terraza a ver qué pasaba. Mónica, que hacía rato buscaba a Lys, intuyó que algo sucedía cuando vio que todos se dirigían a la terraza. Con el corazón a mil revoluciones por segundo casi corrió para ver qué pasaba.

Se abrió paso entre la multitud hasta descubrir a Waldo aun retorciéndose de dolor en el suelo y a Lys al lado de Mister Brown quien le pasaba un brazo por los hombros en actitud paternal.

-¿Qué ha pasado?— preguntó mirándola.

-Nada de gravedad, amor. Alguien se quiso pasar de listo y no atendió las advertencias.-

Waldo intentaba ponerse de pie mirando a todos lados. Con la cara roja de vergüenza y dolor, buscaba una justificación a toda velocidad ante la mirada reprobatoria de todos.

-Mister Brown. Esa mujer ha admitido haber sido contratada por Mónica para intentar seducirlo y dirigir hacia ella su atención a la hora de entregar el premio. Como conozco a las de su clase, cuando quise sacarla de la fiesta me atacó sorpresivamente. No hay duda de que es toda una profesional, porque hasta artes marciales sabe.-

Waldo con un disimulo fingido, dirigió su mano hacia sus genitales, dando a entender que había sido golpeado allí.

Lys y Mónica respingaron al mismo tiempo al escuchar la acusación. Quisieron protestar, pero Mister Brown era zorro viejo y no se dejó engañar.

-No te preocupes, Waldo. Sabes que mi credo es “honor a quien honor merece” y ese premio nadie se lo quitara a quien se lo ha ganado con tanto esfuerzo por muchas argucias que se usen. Por favor señores, volvamos a la fiesta que aquí no ha pasado nada. Mónica y Waldo, por favor acompáñenme.-

Mónica tomó a Lys de la mano y quiso defenderse.

-Por favor, Mister Brown. Lo que Waldo dice no es cierto. Ella es mí…-

-Mónica, por favor, ven.- la interrumpió Mister Brown.

Waldo sonreía levemente. Al parecer su plan funcionó. Dios, era un genio vendiendo su talento por céntimos. Lys se quedó en la terraza mirando las luces de la ciudad que titilaban a lo lejos bajo la bendición de una lluvia suave. “Lo mejor que puedo hacer es marcharme, creo que avergoncé a Mónica demasiado por una noche”. Pensó. Buscó su monedero que había caído unos metros allá cuando empezó la refriega. Caminó con paso firme y la cabeza en alto hacia la puerta. Podía sentir la mirada de todos en su espalda, aunque la mayoría miraba más abajo. Si las diosas existieran seguramente serían así, pensó más de uno en el gran salón.

La recepcionista le sonrió amigablemente. Afuera llovía torrencialmente.

-¿Puedo ayudarla en algo?-

-Podría por favor, pedirme un taxi.-

-Será un placer, señorita. Permítame decirle que ese vestido le queda precioso.-

-Gracias.- respondió con su sonrisa deslumbrante.

Un minuto después la recepcionista le informó.

-El taxi estará aquí en tres minutos. Puede sentarse en la sala de mientras espera.-

-Gracias. Si no es molestia quisiera esperarlo aquí.-

-Por supuesto. A su gusto.-

Lys se paró ante la puerta de cristal de la entrada mirando hacia la calle.

Escucho pasos y supo que era Mónica antes de darse la vuelta. Respiro profundo y se dispuso a escuchar la reprimenda.

-Hola.– dijo Mónica. – ¿Estás bien?-

-Lo siento.– dijo Lys.- Sabes que nunca te avergonzaría a propósito.

-¿De qué estás hablando?-

-Me quiso besar a la fuerza y me defendí. Solo quería ser cortés con tus colegas. Me invitó a la terraza y no imaginé al principio sus intenciones. Luego empezó a decir tonterías sobre ti y…-

-Hey, tranquila.– dijo Mónica acariciándole el rostro compungido.– no pasó nada. Mister Brown lo amonestó firmemente. Es un maldito engreído. Lamento si te puso la mano encima, pero por lo visto se arrepintió de haberlo hecho.-

-No quise ser violenta y ponerte en evidencia delante de tus amigos, pero sabes cómo me pongo cuando me quieren obligar a hacer lo que no quiero. Estoy esperando un taxi para irme a casa de mi madre. Supongo que no tendrás muchas ganas de verme esta noche después del papelón que te hice pasar.-

-Lys, por favor. Te odiaré toda la vida si me dejas sola esta noche. Lo de hoy no tuvo ninguna consecuencia para mí. Mister Brown sabe que la acusación de Waldo no es cierta. No hay nada de qué preocuparse, ¿de acuerdo? Y si pediste un taxi me voy contigo.-

-No. Es tu fiesta. No puedes marcharte. Pero yo no me siento cómoda aquí después de lo que pasó. Te esperaré en casa con una tina caliente y mi aceite especial para masajes.-

-De acuerdo, amor.- Dijo Mónica tomando su cara entre las manos y darle un dulcísimo beso.

Se despidieron tan pronto el taxi se detuvo en la puerta del hotel. Lys salió dejando una fragancia imposible de definir. La recepcionista que había sido testigo de la conversación solo pensó, “vaya, qué suerte tienen algunas”

La lluvia seguía cayendo. El taxi se alejaba rumbo al norte. Mónica subió la pequeña escalera camino al salón. Por la mejilla de Lys, una lágrima solitaria ponía acento en su cara.


Libro de Visitas

Freddys Moretta ©

Creative Commons License


Esta web ha sido creada por www.ratondebiblioteca.es 2007-2017 ©
Contacto ¦ Legalidad