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Escrito por M0cha el 16/08/15

Milagros Artificiales


30 de Febrero de 2084

Por Elena Marth

Pocos de nosotros realmente olvidamos, así es como somos la mayoría; por ejemplo, pretendemos no recordar la vez en la que la persona a la derecha no nos quiso dar un saludo en plena calle aquella vez, por lo tanto, y subiendo de nivel, cada vez que un evento que cambia al mundo toma lugar uno tiende a recordar exactamente lo que estaba haciendo. Creo que la línea era ‘¿Recuerdas dónde estabas cuando…?’

Aún recuerdo cuando sucedió, o mejor dicho, cuando nos dimos cuenta. Realmente se nos dio poca información al respecto pero cuando empezamos a recordar los bizarros casos de las guarderías que ahora estaban aseguradas contra el fuego presuntamente causado por algunos infantes — al mismo tiempo bromeábamos de ello— ahí alguien dijo el nombre del superhéroe más famosos de todos. Después de que el Dr. Siegel Shuster murmurara en el micrófono las razones por las que cuidar niños se volvería una tarea herculina, fue cuando los héroes de historieta dejaron de ser sólo figuras ilustradas en papel Kent y pasaron a ser etiquetados en una categoría que improvisamos.

Los científicos sólo nos dijeron lo necesario y lo aceptamos, porque ellos tenían incluso más dudas que nosotros.

Eran muy pocos los casos en donde uno de nosotros vencía al gobierno en la carrera de encontrar a uno de estos seres más que humanos y entrevistar a la pareja sobre lo que pasó y pasaría. Esos que encontrábamos eran los únicos de los que sabíamos, y por ende los únicos que existían. Ayudamos de manera inconsciente a asentar el mito de que el gen S era en verdad un evento que se presentaba con poca frecuencia. Y en algún punto nosotros también lo creímos. Al menos supimos hace un par de años que el evento no sólo no era poco frecuente sino todo lo contrario: con el tiempo éste fue aumentando. Esto y más gracias a la testigo principal del auténtico “juicio del siglo,” conocida sólo como Alejandra, quien hubiera sido parte de numerosas operaciones encubiertas para beneficio del gobierno neo estadounidense, dejó en el reflector a una larguísima red de corrupción que incluso desenterró vestigios de la antes desconocida, y apropiadamente bautizada, ‘Red de Calefacción del Atlántico,’ así como la incluso más controversial ‘Lista del Carnicero’ — la cual como se debe recordar fue la antesala y la catalizadora de la Tercera Guerra Mundial.

Incluso hasta el día de hoy se me hace extraño escribir el adecuado nombre del tercer conflicto a gran escala que por poco elimina los remanentes de la preciosa capa de ozono y los casquetes polares.

Y pensar que nuestro futuro involucraba alienígenas. En su lugar nos quedamos con héroes que ahora comparten la afición de los villanos de permanecer en la clandestinidad. Para bien y para mal ambos seres imposibles reaparecerán cuando más los necesitemos y cuando menos lo esperemos, respectivamente.

La exposición prolongada a las leyendas vivientes de las historietas logró que nos acostumbráramos con asombrosa facilidad a presenciar peleas devastadoras en la calle, camino al trabajo, en el almacén, en la fila por los bonos de guerra. Esos somos nosotros: personas, o mejor dicho: personas promedio.

Escribo esto para recordar lo que somos ahora debido a lo que fue. De la misma manera en la que el boom tecnológico de hace más de ochenta años abrumó a toda una generación que cesó hace algún tiempo, los eventos que sucedieron desde la Llegada de los Superhéroes me hace pensar en cómo la historia nos recordará. Porque sé que los libros se seguirán editando y publicando — sobre todo ahora que el Pulso Electromagnético de hace diez años inhabilitó gran parte de los aparatos electrónicos actuales.

La renovada costumbre de leer en papel periódico de nuevo, mientras intentan reparan los inservibles servidores y maquinas, me ha llevado a pensar en tan antiguo cliché de que la historia escrita con tinta parece ir de la mano con hazañas de súper humanos que aún están en sus años de dientes de leche.

Hablando de ello, mi hija de un par de meses ahora dormita en su cuna, y yo no tengo idea de si el gen está presente en su diminuto ser. De cualquier manera estamos asegurados. Aunque el plan no incluye destrucción por rayos láser. Creo que deberíamos buscar otra aseguradora.


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Joaquín Albarado ©

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Escrito por Desstri el 08/10/15

Atravesando los siete mares VI


Entrada de Gabrielle: día 3 de Marzo de 1.664

Ya es tres de Marzo y parece que el fin de año hubiera sido ayer, los días han pasado uno tras otro, en una constante pero repetitiva lucha diaria por hacer mis tareas, así que tampoco tengo gran cosa que contar.

Aun tengo en mente las indicaciones que me dio lord Charles de pasar desapercibida y no ser una molestia. Quizás se me esté dando demasiado bien, no me esta siendo fácil relacionarme y hacer amigos en la elitista universidad, las pocas chicas que son amables conmigo están fundamentalmente interesadas en que les deje copiar mis apuntes y prácticas, o directamente en que se las haga. Supongo que no importa, después de todo no tengo dinero para vestidos bonitos, ni tiempo para salir. Tengo que esforzarme por sacar buenas notas y cumplir con los caprichos del señor que ocupan una gran cantidad de mi tiempo. Ahora anda dilapidando su capital en hacer regalos a Lady Elise, aunque es hija de alguien muy importante, escuché que sus padres no le han dado un gran estipendio para que no terminara siendo una malcriada. Ha dado igual, a mí me parece alguien realmente frívola y lo que no puede comprar ella se lo esta regalando lord Charles y seguramente otros hombres.

Solo me consuelo pensando en las próximas vacaciones de semana santa. Parece que este año también viajaremos al “extranjero” Según me ha comentado mi señor a San Tropal, en la Castilla ocupada, al parecer su padre tiene negocios que tratar allí, no sé los detalles, si son de índole personal o una misión del Empereur. Da igual, será un cambio refrescante, y con la gran cantidad de servicio que tiene su padre, mi jornada mucho más liviana.

Entrada de Charles Día 14 de Abril de 1.664

Al fin regresamos de ese horrible, horrible sitio. Parece que la guerra ha pasado factura al lugar, mirase por donde mirase había ruinas y miseria, no es ya que no siguieran la moda, por Dios, es que incluso me miraban mal por ir bien vestido, como si fuera un crimen, deberían mirarse a un espejo para saber lo que es un verdadero crimen.

No me sentí nada seguro los días que pasamos en San Tropal, me digné a salir alguna vez a ver la ciudad por puro sopor, y en nada menos que tres ocasiones tuve que echar mano de mi florete y eliminar a unos sucios matones que cometieron el error de tomarme por una presa. Lo que me quedó claro es que perderse por aquí era peligroso, Aun así fui a visitar algunos de esos corrales de comedia, parece que no podían permitirse teatros como Dios manda, aunque las obras eran entretenidas. También ví esa forma de baile autóctona con guitarra y zapateado. Mi padre quería que conociera mundo y aprendiera el idioma, así que se tornaba necesario bajar al mundo de las gentes llanas.

Lo bueno fue que entre los desesperados mercaderes de San Tropal encontré algo que me llamó la atención, una pulsera cara y bastante exótica, así que pude comprar un buen recuerdo para Elise.

Ahora ya en La ciudad, parece que las cosas se están complicando, Elise me ha dicho que sus padres están sospechando de mis incursiones a su alcoba y que tengo que tener más cuidado en mis visitas, supongo que tendré que verla menos a menudo fuera de clase. No he tenido ocasión de darle la pulsera, quería dársela en algún momento íntimo, pero las dificultades de verla son evidentes y no encuentro una ocasión lo bastante especial. Tras mi último intento fallido de dársela, pensé en probármela, es bastante unisex y no me sienta del todo mal, luego he pensado que si cuando llegase el momento me la quitaba para dársela quedaría como un recuerdo más íntimo.

Pero parece que la preocupación de los padres de Elise les está llevando a medidas drásticas, hace poco, al volver de clase con Jacques un desconocido me retó a duelo. Jacques decía que no valía la pena darle ese honor a semejante chusma, pero yo acepté, aunque sea solo un estudiante, pertenezco a la escuela de Varloux y no voy a permitir que un inconsciente matoncillo se jacte de contar que me negué a batirme.

Al final parece que sabía usar la espada, me hizo varias heridas serias antes de que pudiera acabar con él y de veras pienso que podría haber sido peor. Jacques, que fue mi testigo, me dice que son imaginaciones mías, pero estoy seguro de que la primera herida que sufrí desapareció, y creo que fue gracias a la pulsera, así que tal vez deba conservarla hasta saber más acerca de donde salió y de este espadachín, que ahora, pensado en frío, bien parecía alguien seleccionado para matarme y no un simple duelista que buscase fama o un buen combate.


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Eduardo Tapia Quesada ©

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Escrito por Desstri el 24/11/15

Atravesando los siete mares VII


Entrada de Gabrielle: día 3 de Julio de 1.664

El ataque que sufrió mi señor en Abril me lleva preocupando estos meses de sobremanera, Lord Charles, como no podía ser de otra manera también quería respuestas, quería saber quien era ese buscador de fama para poder presumir de su victoria. Eso dice, todo henchido de arrogancia, pero a mi me preocupa más quien lo haya podido enviar. Compartí mis temores con él, hasta concienciarle de que se investigara el tema, lord Charles además quería saber cuan conocido era aquel hombre a quien derrotó y me encargó la tarea de investigar. No es de extrañar que la mayoría de asistentes personales sean hombres de larga edad y experiencias, semejante petición me superaba, no sabía ni por donde empezar, así que fui haciendo preguntas a todo aquel que se me ocurrió. Pregunté a la guardia que sabían de ese hombre, no era de aquí, pregunté a espadachines callejeros, a gente del barrio donde sucedió, a rapaces y a posaderos, al final averigüe donde se alojó por última vez el hombre.

Cuando tuve información, lord Charles fue en persona a investigar la posada, interrogar y dar escarmiento a quien hiciera falta, aunque terminó en un callejón sin salida, como yo lo terminé antes. Las evidencias apuntaban a la familia de Elise, pero eran muy circunstanciales, ademas, de que esa familia contaba con maestros duelistas como sirvientes, no necesitaban enviar alguien tan burdo contra el que tuviera posibilidades un joven estudiante de esgrima. Tal vez lo hicieran así para que el orgullo de mi señor fuera mayor que su cautela, ya que no es un deshonor rechazar un duelo contra un reputado maestro cuando eres solo un aprendiz, de hecho es una vergüenza para el propio veterano buscar lid con un luchador inmaduro.

Mirando al futuro, con el verano ya encima y sin forma de averigüar más, el padre de Lord Charles tiene en mente una intensa agenda de viajes que desea que su hijo y yo compartamos con él. Vamos a recorrer este verano un total de siete ciudades importantes del sur, desde la Castilla ocupada hasta Voddace, cruzando por los principados de Eissen.

Tengo curiosidad por conocer a esas brujas Voddacianas del destino, me pregunto como serán. Es terrible que los hombres las priven de las herramientas de leer y escribir solo por miedo, me pregunto si les guardaran rencor, o si se lo guardan a toda la humanidad, espero que no, después de todo dicen que controlan su destino.

Entrada de Charles Día 13 de Septiembre de 1.664

Menudo veranito. Hemos pasado mucho más tiempo metidos en un barco viajando por río, que en tierra firme visitando las ciudades que mi padre quería.

Partimos de Charouse en Julio y bajamos a Paix en diligencia, apenas pasamos allí cuatro días, donde mi padre visitó a algunos amigos del club de la venerable orden de los estimados caballeros y me llevó como su invitado. Me sorprendió de sobremanera la apuesta que les propuso a los miembros, al cual realizaría junto con sus otros quehaceres. Me dio bastante rabia no tener bastantes ahorros para haber apostado yo mismo en la materia. Aún así fue una gran noche, codeándome con grandes caballeros que contaban las noticias sobre los últimos retos, las decisiones de las más altas dignidades internacionales, las empresas mercantiles que han financiado o las mujeres que han cortejado, todo con una copa de brandy en una mano y un puro en la otra.

Eso fue lo mejor del verano. Después tomamos una barcaza, pues la ruta de mi padre implicaba viajar hasta Buche y después Barcino, para acto seguido remontar el río, cruzando toda la frontera con Castilla hasta Altamira, donde tenía más contactos que visitar y asuntos importantes que tratar.

Despues, seguimos remontandolo más aún, hasta llegar a Profesa y por último Fontaine, lo que completó la ruta de siete ciudades.

Para cuando llegamos a Fontaine, estaba de barco hasta la mismísima coleta. A padre se le antojó que para aprovechar el tiempo en el barco debíamos pasar más tiempo juntos y como, la verdad, no estábamos acostumbrados a hacerlo, se le ocurrió volverse mi maestro en un curso exprés de castellano y vedeciano. Mi padre tiene un gran don de lenguas, pero debo decir que como profesor deja que desear, siendo el tutor más impaciente con el que me he topado. Ya escribí estos días en mi diario lo que me parecieron las ciudades, no voy a repetirme tampoco.

Ahora que estoy de vuelta para empezar el curso, me preocupa lo que dejé atrás, Elise y también el duelista aquel ¿Tendré que batirme con más hombres para que nos volvamos a ver?

Hoy visité a mi erudito tío Philipe, para preguntarle si había encontrado algo acerca de la pulsera que compré el año pasado. Ha tardado muchos días en identificarla, pero al fin, me contó algo de su historia, al parecer es una reliquia Syrneth, la vieja raza ya solo viva en las leyendas, que habitó Théah antes que el hombre, esos seres al parecer podían crear estos fetiches sobrenaturales con la misma facilidad que los humanos tejemos ropa o tallamos madera. También me habló de sus propios estudios de estos seres y me fijé en algo que siempre parecía llevar, un sello con forma de brújula.

En privado le pregunte por ello y me habló de la sociedad de los exploradores, de la cual era miembro. Mostré mi interés, la verdad es que me estaba convirtiendo en un hombre de mundo y tener una motivación para seguir así me sonó bien en ese momento, si eran simples exploradores, no podía ser tan dificil para alguien como yo entrar a formar parte de su grupo ¿No?. Más, mi tío me dijo que no, que no estaba preparado, me tensé, indignado, notandolo él me replicó que si de verdad quería ser de la sociedad, lo primero que tenía que hacer era acabar mis estudios universitarios, olvidarme de tanta falda y convertirme en un erudito capaz de apreciar las maravillas de los antiguos. No tenía sentido discutirlo más, así que dejamos el tema, de momento.


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