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Será mostrado si existe



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Escrito por Roberto el 09/11/14

Por los caminos verdes


Él manejaba. Yo estaba en el asiento del copiloto como quien va por un camino y no le interesa si lo lleva al abismo o al paraíso. Observaba, abstraído en un pensamiento para nada recurrente y pacífico, las colinas y valles que bordean la avenida “Santiago Mariño”. Y su verdor quinceañero que no era tal, pues ellas, las que veía con tanta pesadumbre, tenían miles y miles de años. Estaban antes del padre de mi padre y muchos otros, incluso antes del hombre y sus máquinas. Son testigos mudos de glorias y desgracias, y aún no muestran cicatrices ni arrugas ni risas ni lágrimas…

-¡Hey! – Golpeó mi hombro –Despierta güevón, ponte las pilas… andas apendejiado.- Luego giró bruscamente el volante y preguntó:

-¿Qué carajo tienes?-

-Nada, no tengo nada.- Luego, después de notar su muy habitual y díscola mirada, dije:

- Pendiente de cómo manejas-

-Coño chamo, ponte las pilas. – Habló como si nada, luego agregó:

- Tú me ves cara de qué. No soy chofer tuyo. Habla por lo menos para que no me duerma.- Miró la vía y aceleró -No puedes andar por la vida como dormido. ¡Despiértate! – Cuando notó mi cara de desaprobación no dijo nada más y desaceleró. Al rato buscó algo escondido cerca de los pedales del acelerador, cuando lo encontró preguntó:

-¿A qué no me dices qué es esto?- Me lanzó una bolsa transparente.

¬¬-Marihuana- Respondí sin meditarlo mucho.

-No, estás pelado.-

- Entonces. ¿Qué es?-

-Pero tócalo, huélelo, pruébalo… y me dices. Trata de adivinar a ver si la pegas-

- Ya te dije, Marihuana.- Respondí después de hacer lo que dijo.

-No. Eso es “Crispí”.- La marihuana es más verde. ¿Ves? Esto tiene un color más claro. Como si fuera pasto seco, pero no es… esta vaina vibra – Me arrancó la bolsa, la metió en una cajita metálica que tenía entre las piernas y la tiró sobre los asientos de atrás. Luego añadió: - Es una marihuana modificada. Algo así como una Súper marihuana.-

- Entiendo. ¿Y no es dañina?-

- De bolas que es dañina. Toda vaina sabrosa es dañina; el azúcar, el ron, el cigarro, hasta las mujeres… Tú ves una mujer buenota, toda operada y puta como ninguna, de esas que se revientan por el culo… pues esa mujer es dañina, peor que el Crispí.- Aceleró - ¿Me estás parando bolas?

- Verga, sí. Bájale dos al carro que el seguro no paga mierda–

- Coño, límpiate la nariz. Tienes unos pelos verdes por allí guindando. – Reía – Tampoco era para que te empericaras.- Aceleró nuevamente y cuando notó que me ajustaba el cinturón de seguridad preguntó: -¿Estás cagado?

-Coño, sí. Estoy cagado, bájale dos.- Apenas terminé de hablar zarandeó el volante, lo hizo a forma de broma y escuché su risa hilarante como bocinas en mi sien.- Bien bonito, déjate de marisqueras y maneja tranquilo.- Él no paraba de reírse ni de acelerar.

-Coño sí, el ingeniero va a su primera entrevista de trabajo.- Dejó de reírse, miró la vía y desaceleró - ¿Y por dónde es la vaina?

- Es en la Asunción. El edificio 123…-

-Ah, sí. Ya me acuerdo.- Interrumpió. Le quise decir que dejara esa mierda, le estaba fundiendo el cerebro. Algunas veces olvidaba hasta su nombre, otras no coordinaba sus movimientos. No pocas veces lo encontré temblando, cuando él notaba que lo veía exageraba y fingía imitar a un viejito que vivía por la casa. Pero ambos sabíamos que esa porquería lo estaba matado, sólo que a él no le importaba. Entonces a mí tampoco. Mi madre se hacía la desentendida, pero lo de ella era diferente. Pues toda madre vive a través de los ojos de sus hijos. Y mientras los de ella se apagan, su brillo renace en los de sus retoños. Por tal sentido no existe nada más doloroso para una madre - o para un padre - que verlos morir y es allí cuando viene la negación. Es como si esa luz que brilla a lo lejos se apagara y el espacio que habitaba se convirtiera en un hueco en el horizonte que no puede ser llenado ni olvidado, pero siempre ignorado como algo que existe pero no es. Debe ser por eso que cuando me enteré de que mi hermano William, después del nacimiento de su primera hija - Camila- , no pudo dormir porque a cada rato le tocaba el pecho para saber si respiraba no lo juzgué ni lo llamé maníaco. Es más, le dije que eso era normal y que debía hacerlo periódicamente. Esa madrugada, después del nacimiento de su hija, conversamos largo rato. Llegué a la habitación y lo encontré sentado. No había dormido. Entonces se levantó y saludó con desganas. Después corrió a colocarle la mano sobre el pecho de su hija, seguidamente se volvió a sentar. Le pregunté:

-¿Por qué no descansas?-

- Es que el tiempo no alcanza cuando estás frente a algo bello…- Dijo otras cosas más, pero le veía nervioso y no le paré bolas. Me contó que Camila nació con los ojos claros, pero que todos los niños nacen así; con el tiempo toman la pigmentación que durará para toda la vida. Primero bromeé acerca de esa nueva palabra que había aprendido: Pigmentación. Le pregunté dónde la había escuchado, se echó a reír. Él tenía un buen sentido del humor, aun en las situaciones más apremiantes. Le dije que iría por un café y quise saber si me acompañaría, respondió que no. Nuevamente colocó su mano sobre el pecho de la niña.

Regresé con un café con leche y un negrito. Le gustaba negrito y sin azúcar, era un gusto que nadie entendía.

-¿Y cuándo presentas la tesis?- Preguntó.

- La semana que viene.-

-Coño, al fin sales de ese martirio.-

-Sí, al fin. ¿Y qué piensas hacer? –

-No sé, esperar. -¿Te acuerdas de Francisco?- Sí, él lo recordaba. Su historia fue más o menos así: Un día amaneció con un uñero en un dedo del píe. Él, como buen llanero, hizo lo primero que se le ocurrió; agarró el cuchillo más grande, oxidado y estropeado que tenía, lo calentó y se lo jorungó. Lo sacó y, en su afán de raspar toda la zona y junto a la falta de higiene, se hizo un hoyuelo que con el tiempo le llegó hasta el hueso.

Después de auto mutilarse continuó con su trabajo en el mercado municipal. Pasaron los días y no percibía nada, luego semanas y comenzó a sentir una ligera molestia en el dedo. Era como un hormigueo. Se rascaba, pero no cesaba. No paraba de escudriñarse el pie, no obstante, sólo se le veía un huequito negro en el dedo que con el tiempo transmutó en una llaguita amarillenta, olorosa y purulenta. A veces enrollaba el dedo con una pedazo de tela, sin embargo, la mayoría del tiempo lo tenía descubierto para que, según él, cogiera aire. Me contaron que hasta se echó tres litros de Creolina ligada con cloro y aceite de berro, pero ni con eso se le quitó la molestia en el píe.

Un día se hartó; se arrancó la llaga y estrujó el dedo. Y a pesar de que debió doler como el Diablo terminó arrancándose la uña y la carne adherida a ella. Sólo imaginarme de cómo debió ser despegar la uña y desgarrar los jirones de carne negruzca me provoca nauseas, pero a él no porque era un hombre de campo. Es más, se alegró; le salieron un montón de gusanitos blancos que, a según él, eran los que hacían que el dedo le picara. Ese día, tengo entendido, compró tres litros de ron blanco, se echó dos en el pie y el otro se lo bebió como si fuera agua de coco para que se le pasara la calentura. La alegría no duró mucho porque cuando dejó de sentir molestias en el dedo, el píe se le puso morado. Luego empezó a tener más calenturas, pero no quiso ir al médico. En vez de eso visitó a un brujo que le hizo una macumba por cada uno de los treinta y tres santos del pastoral. Él fue quien le metió la idea de que debía comerse los gusanos, uno por día hasta llegar a la próxima luna nueva. Por cada uno debía rezar tres oraciones, serían tres veces treinta y tres oraciones correspondientes a cada santo. Nuevamente, y tal como le dijo el brujo, le salieron gusanos. Los contó y los metió en una botella con ron. Eran noventa y nueve, el brujo no se peló y esto le hizo creer que no había de qué preocuparse porque estaba en buenas manos. De un día para otro se volvió creyente y asistía a todas las consultas con el macumbero. Durante un tiempo tuvo una ligera mejoría, aprovechó para beber ron e ir de putas que era lo que más le gustaba hacer después de que su hija lo echara.

Una noche llegó borracho al rancho y se bebió la botella con todos los gusanos que faltaban. Le contó al brujo lo que hizo y este le recomendó esperar la decisión de los santos. Esta llegó a cuarenta cinco grados. Sus hijas lo llevaron casi que arrastrado al hospital, regresó a los treinta días sin una pata y sin treinta kilos. Murió después de tres meses, estaba solo en su rancho.

- Sí ¿y qué hay con eso? –

-Me recuerdas a él-

-Lo de Francisco era una cosa completamente distinta. No compares.-

-Pero es que a él se le dijo y se le dijo, no agarró consejo. Así andas tú, no quieres descansar.-

-Se descansa cuando se está en la tumba.-

-Entonces te quieres ir rápido. -

- Está bien, dentro de un rato me iré a dormir. – Realizó una pausa y cambió el tema de conversación- Cuando Camila está grande la mandaré a estudiar a otro lado.-

- Sí, supongo. Aquí la educación está por el suelo.-

-De verdad que sí.- En eso llegó una enfermera. Nos pidió salir de la habitación. La llamé aparte, hablé con ella y traté de disuadirla. Al principio se mostró intransigente, luego, después de tanto insistir y uno que otro piropo, logré que nos permitiera permanecer con la niña hasta que llegara un médico. Al rato llegó uno, salí y conversé largo y tendido con él. La cuestión era que no debíamos estar allí, las enfermeras tenían que hacer su trabajo. Me costó mucho más convencer al doctor, pero llegué a un acuerdo; él dijo – a viva voz- que encargaría a una enfermera de su confianza verificar si la niña respiraba cada 10 minutos. Una vez que explicó lo que harían, William decidió salir. Aun así no quería dejar el hospital, lo llevé al cafetín. Tenía un hambre atroz y, supongo que, él también. En algún momento el comentó:

-El murió por terco.- Era como si la idea estuvo dando vueltas en la mente y quisiera terminar la charla.

-Sí, fue una vaina loca lo que le sucedió. Era buen tipo.-

-…Y todavía dicen que la ignorancia no mata.-

-Pero él no era un bruto.-

- ¿Y quién dijo que leer un coñazo de libros te salva?- Medité su respuesta y ciertamente ser culto no te libra de ser ignorante. Pues está el ejemplo de Francisco. Él, como todo padre y durante la infancia de sus hijos, fue un héroe; villano en la adolescencia; contumaz en la madurez; y humano – con grandes defectos y virtudes -, al morir. Antes de tener el asuntito con el dedo había caído en desgracia. Corrijo: No cayó, se lanzó desde un precipicio; después de viejo, y con treinta años de matrimonio, dejó a su mujer e hijos y se casó con una dama mucho menor que él. Ella lo embaucó junto con uno de sus socios. Nuevamente se divorció. Quedó casi que en la ruina, pero debo reconocer que era un tipo duro y jamás bajó sus brazos. Volvió a casarse y, después de treinta y tres años, fue padre otra vez – se presume -. Cuando trató de comenzar un nuevo negocio sufrió un accidente cerebro-vascular, por varios meses la mitad de su cuerpo quedó inmóvil. Durante esa época vivió en casa de su hija mayor porque su mujer lo abandonó. Cómo mi prima vive cerca de mi casa de vez en cuando lo visitaba y compartíamos impresiones acerca de algunos libros y otras cosas más – Era un hombre que leía mucho a pesar de que era del campo -. Al recuperarse le diagnosticaron diabetes, no sé cuál, pero era la más coño´e madre de todas. Me mudé a otro estado y no supe nada de él hasta el asuntito con el dedo. Cuando lo visité me compró algunos libros y, debido a algo que no podríamos explicar, intuimos que sería la última.

Un tiempo después me enteré de que le amputaron la pierna derecha y que tuvo una discusión con su hija. Según ella, él era un viejo terco y obstinado. No la dejaba vivir en paz, por todo peleaba y todo lo criticaba. Él dejó la casa de su hija para vivir solo en un rancho, ella le daba una vuelta cada quince días y procuraba que tuviera lo básico. Aunque lo básico para un hombre que lo tuvo todo es una condena.

No lo visité porque deseaba recordarlo como cuando me entregó sus libros. Él era un tipo de porte elegante, eso contrastaba con su personalidad. A fin de cuentas él era un mundo de contradicciones, dentro había algo así como una lucha entre la civilización o lo racional y la barbarie; por un lado un ávido lector y por el otro un retrograda impertinente con ideas muy arraigadas, además arcaicas, acerca de la familia y la sociedad. Eso le causaba problemas; no se identificaba con los borrachitos de las esquinas, pero no era aceptado ni siquiera en los clubes de lectura más irreverentes. Me enteré del asunto – o discusión- que tuvo con mi prima e intuí que no aguantaría mucho pues ella era quien lo atendía y se preocupaba de que no inventara. Así sucedió; murió una madrugada. Su muerte fue triste, aunque toda muerte lo es, pero a él lo encontraron en el suelo con el pantalón embarrado en mierda, el culo descubierto y atestado de sangre mezclada con un líquido espeso y purulento, y la mandíbula desencajada. Debió sufrir porque, según contó mi madre, había lágrimas en sus ojos y sostenía un celular. Él era orgulloso, pero no sabría decir a quién pensaba llamar ni siquiera estoy seguro si era para pedir ayuda o maldecir a todos los que le patearon el culo en las malas y le robaron en las buenas. Otra cosa sería: ¿Cómo mi madre se dio cuenta de que tenía lágrimas en los ojo? No lo sé. Hay mujeres que son medio místicas y mi madre es una de ellas. Yo, en cambio, soy lo contrario; todo pasa frente a mis ojos y sólo me percato de las colinas a lo largo de un extenso camino lleno de baches y piedras, también las nubes y el sol. Esos son los caminos por los que tránsito, verdes como la primavera que no he visto – sólo sé de lluvias y veranos-. No vi el cadáver, ni me lo imagino con lágrimas. Debe ser que uno nunca se imagina a un hombre llorar. Y sí, lo hacen. Pero no lo crees posible porque desde pequeño te dicen” los chicos grandes no lloran” y esa es una de las, no pocas, mentiras que te injertan en el cerebro. Lo cierto era que él yacía bajo tierra y su recuerdo emergía moralistas, como la cabeza de algún empaletado en la Transilvania medieval. Un ejemplo de lo que no se debe hacer, lanzarse al vacío sin saber volar.

-No, no te salva.-

-¿Sabes? Cuando me enteré de la muerte de Francisco hice una recapitulación sobre lo que sabía de su vida y me pareció que tenía una similitud con lo descrito en un libro. – Me miró, esperaba que preguntara por el nombre del libro y lo hice.- “La muerte de Artemio Cruz”. – Respondió.

-No he leído ese libro.-

-Es bueno, aunque prefiero “Gringo viejo”.- Creo que la diferencia con “Artemio” sería que Francisco luchó, luchó y murió sin pena ni gloria. En cambio Artemio mantuvo su estatus. Mentiría al decir que sus hijos lo lloraron, lo cierto era que se convirtió en una carga y su muerte significó un alivio para todos los que le rodeaban -incluso para mi madre -. Tampoco dejó un legado, así como llegó se marchó. Él sufrió una derrota, y no injusta, fue así como la de muchos hombres quienes jamás tendrán otra oportunidad para enmendar sus errores ni descanso eterno.

- Es muy bueno, me gusta cómo crean personajes.-

-¿A qué te refieres con eso?-

-A cómo los escritores crean personajes. Primero lo hacen, debe ser genial; lo cuidan, lo miman y lo vuelven a mimar ¿Me entiendes?-

- Sí, te entiendo. Pero no sé a dónde quieres llegar.-

- Lo cierto es que cuando lees te enamoras de él y más que eso, lo adoras con el alma llena… Algo así como “María”. Dime alguien que haya leído esa novela y no esté enamorado de ella.-

- Y después…- Logró captar mi atención, lo escuchaba detenidamente y veía esa mirada loca que, para ese entonces, apenas nacía.

-…y después de que lo has amado tanto y adorado como al cielo un Domingo por la mañana, lo matas. Lo matas, lo matas y lo matas sin piedad y con rencor; lo haces como si fuera un amor no correspondido o un cordero para sacrificio. –

-¿Pero no te parece algo melodramático eso?-

- Es que así es la vida, te hace sentir lo que nunca has sentido y después te lo quita sin decirte porqué, sin piedad y de un tajo. Coño, de verdad que es así. Así que no me preguntes si es melodramático o no… – Llegamos al cafetín, pidió un café y una caja de cigarros y, como si quisiera cantar un jaque mate en una partida aplastante, agregó:

- …No importa lo que pienses, de los escritores se pueden decir muchas cosas y respeto tu opinión. Pero nunca podrás negar dos; nacen y mueren cada vez que abres y cierras un libro. Un libro está muerto si no es leído, y su autor se convierte en un alma en pena o algo así ¿Me entiendes?-

-¡Oh! Estás poético hoy. – Bromeé aunque el día no estaba para chistes, pero el asomó una sonrisa. Luego encendió un cigarrillo y abrió la puerta. Salimos del cafetín, noté que el cielo estaba nublado, sin embargo, no dejaba de prometer que sería una hermosa mañana. Se podía divisar niebla sobre las colinas que rodean al hospital y los primeros rayos acicalaban la tierra. El ambiente estaba húmedo como si la noche anterior hubiese llovido, pero sólo era el rocío mañanero y nada más. Lo veía mientras él conducía, recordaba todo lo que sucedió aquel día y trataba de entender sus actitudes… Hasta que llegamos a la Asunción.

-Mira ya llegamos. Es por allí, dobla en la esquina.-

-Ok. Ya va, deja buscar algo de papel.-

-¿Papel?-

-Para que te limpies el culo, cagón.-

-Procura aprender a manejar.- Detuvo el carro cerca del edificio. Me bajé. Me le acerqué por la ventanilla del conductor, estreché su mano y dijo:

-Éxitos compadre. Me avisas cuando salgas o si quieres te vienes conmigo.-

-No, mejor no. Te aviso cuando salga para que me vengas a buscar- Aceleró y se marchó. Siguió por sus caminos verdes que eran distintos a los míos, desolados y melancólicos. Y lo vi partir con la misma tristeza que esa mañana cuando, después de volver a la realidad, le pedí que dejara el hospital y volviéramos a casa.


Libro de Visitas

Roberto Araque Romero ©

Creative Commons License



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Escrito por Desstri el 24/01/15

La senda de la grulla I


Kazen

Resituémonos justo después de aquella escaramuza en que me hirieron de gravedad, y en que conocí el placer de amar a una mujer…

El festival del crisantemo dividiría para mí este año en dos deberes bien diferenciados, si durante toda la primavera me dediqué a ser parte de aquella patrulla de la que tanto aprendí en tan poco tiempo, ahora esto cambiaría, a mi pesar, tras aquella escaramuza.

Aprovechando estos días festivos, pude despedirme debidamente de Hitomi y disfrutar con ella antes de que tuviera que retomar sus patrullas. No dejamos pasar la ocasión de disfrutar de los espectáculos y alimentos de los tenderetes montados con motivo del festival, tanto con ella como con algunos de mis compañeros de dojo y también con Hiori.

Mi madre había convencido a padre para que le permitiera disponer de mí estos meses próximos. No conocía sus intenciones exactas, solo sabía que un diplomático Ikoma y su pequeño cortejo se iban a instalar en el castillo unos días, para cerrar un trato con mis padres. La verdad es que en aquel momento no me importaba mucho, sentía mi corazón herido al verme obligado a separarme de aquel grupo al que había llegado a apreciar como a mi familia.

Pero reuniendo todas mis fuerzas, logré reprimir el ansia por discutir las instrucciones de mis padres. Aún comprendía que tenía un deber importante como samurái y todo lo demás era secundario.

Sería al quinto día tras el festival, de mañana, cuando me reuniría con madre en pos de conocer mi nuevo cometido.

Recuerdo cuando entré en la sala, madre ya esperaba sentada sobre una manta de seda, me acerqué a ella y me arrodillé en seiza, postrándome con devoción, más formal de lo que cabría esperar estando solos madre e hijo. Estaba seguro de que ella ya intuía que, pese al incidente, no quería dejar el grupo, por lo que no traté de disimular mis emociones con falsa naturalidad.

-Incorpórate, Kazen.- empezó – No es necesario que estés tan tenso en mi presencia, aún eres mi hijo, eso nunca cambiará- sonrió, con una dulzura que solo en ella he logrado encontrar, haciendo que sintiera un escalofrío, como si hubiera sido un estúpido por pretender hacerme el enfadado.

-Oka-sama, aun siendo vuestro hijo soy vuestro leal siervo, por favor, ¿de que querías hablarme?- respondí cuando recupere la compostura, aunque ya había logrado que olvidara los desaires para con ella.

-Verás, hijo mío, como ya sabrás, pronto llegará un diplomático de tierras león a nuestra casa, Ikoma Satoshi y su séquito.- su voz era nítida, suave y pausada. Me miró un instante mientras atendía y prosiguió

-Quieren ultimar un acuerdo comercial con nuestra casa, y tras eso, marcharán a Otosan Uchi, para conocer la postura de la grulla en sus asperezas con el escorpión. De hecho, el resultado de estas negociaciones podría traducirse en una declaración de guerra entre el león, el escorpión y la grulla. Lo que aún no queda claro es quien será amigo o enemigo de quien.- hizo una pausa para que asimilara todo.

-Conseguir quedar en la posición más favorable, es mi tarea como cortesana- ultimó

-¿Y cual podría ser mi aportación en todo esto, oka-sama?- la miraba expectante al formular la pregunta, sin saber que querría de un joven de 14 años como yo. Ella me sonrió agradable y prosiguió.

-Verás, entre el séquito del Ikoma, hay una joven, su aprendiz, Kitsu Sadako, una joven de 15 años que este año terminó su gempukku. Viaja con Satoshi para que vaya aprendiendo las sutilezas de la corte en compañía, y empezando a conocer nuevas amistades. Ahí es donde entras tú, hijo-

-¿Tengo que hacerme amigo de esa muchacha?- le dije, algo perplejo.

-No exactamente, aunque podríamos decirlo así. Verás, este es un pequeño juego entre Satoshi y yo, hace unos años, él dijo en público que un aprendiz suyo marcaría la diferencia en las cortes del Imperio en la próxima generación. Es un arrogante, está claro, y tú, hijo mío, serás quien le deje en evidencia y lo harás de la forma más elegante posible, ganándote a su pupila.-

-¿Ganándomela?- dije sin entender.

-Hai. Se trata, por un lado de que trabéis cierta amistad, y por otro, que consigas que te deba un favor.-

-¿Un favor? ¿Qué clase de favor?-

-Algo importante, algo que la vincule a ti y haga que, hasta que te lo devuelva, esté en tus manos su prestigio.- hizo una pausa. -Pero todo esto, tiene una dificultad añadida, por supuesto. Ella muy probablemente este avisada de nuestras intenciones, Satoshi no es tonto y es más, de hecho apostaría a que moviéramos ficha o no, ella intentará lo mismo contigo si tiene ocasión.-

-¿Me estás pidiendo que sea mas astuto que una cortesana en juegos de corte, madre?-

-Mi hijo es mucho más astuto que cualquier novata león.- Sentenció casi ofendida. -Huir de las adversidades no es una opción para un samurai, estoy segura de que tu sensei te lo enseñó, así pues, solo queda que plantes cara y que salgas victorioso, hijo mío.- Sonrió ahora, mientras me miraba.

-Además, no estarás solo en esta batalla- paró otro momento, dejando que mi mente hallara la persona que sus palabras insinuaban. Cuando intuyó que entendía bien lo que decía, ultimó diciendo.

-Yo estaré cerca prestándote apoyo en lo que haga falta Kazen, también otra de tus tareas es dejarla fuera de circulación el mayor tiempo posible, así su sensei no podrá usarla para distraer cortesanos o meter las narices donde no le llaman.-

-¿Puedo confiar en tu éxito, hijo?-

-Puedes contar conmigo, madre.- dije al final, con seguridad y animado por la expectativa de lo que se aproximaba, tal y como lo había explicado, parecía una tarea cuanto menos divertida a la par que sutil.

El día quela comitiva de Ikoma Satoshi hizo acto de presencia llegó, fueron guiados a la sala de audiencias donde, padre en el centro presidiendo, madre a un lado y yo en su otro flanco, les recibiríamos.

-Honorable Kakita Kaiten-sama prestigioso duelista del clan de la grulla, señor de Shiro no Kagi y descendiente de Kakita Rensei, yo Ikoma Satoshi, siervo del clan del Leon y orgulloso descendiente de Ikoma Jinzen, os ofrezco este regalo como muestra de vuestra amabilísima invitación a ser recibido en vuestra honorable morada.- Fueron las floridas palabras que ostentó el Ikoma mientras acercaba su regalo, un hermoso carcaj con una correa de seda, relieves de oro y dibujos de la grulla, al parecer conocedor de que padre era fanático cazador.

-Ikoma Satoshi-san del noble clan del León, sea bienvenido. Es un placer recibirle en nuestra morada, donde esperamos que disfruten de nuestra hospitalidad y podamos acercar nuestras posturas en provecho mutuo.- Respondió padre, mientras un regalo como respuesta era mostrado a los invitados, una hermosa figurita de un león con la cabeza alzada en pose orgullosa.

Todos los formalismos se iban desarrollando, mientras yo no me decantaba tanto por atender la conversación principal como en examinar el séquito, formado por un duelista, algunos yojimbos y criados, que unos pasos detrás del cortesano respaldaban sus palabras. Entonces sería cuando la vi.

Tras observarla unos instantes identifiqué el mon de los Kitsu en sus ropas, era la más cercana al diplomático, como expresando que era su segunda, por lo que no cabía duda que había posado los ojos en la persona idónea. La joven se percató de mi mirada, me la devolvió cruzando solo un instante conmigo los ojos en la distancia, y luego la desvió, sonriendo tímidamente mientras alzaba la manga de su quimono para ocultar dicha sonrisa, solo dejándome verla un instante de soslayo.

La recepción se prolongó en el tiempo hasta que al fin terminó la sesión, con lo que los invitados se retiraron de la sala principal, con madre y conmigo, donde nos presentaron.

-Kakita Hanako-gozen, siempre es un placer poder compartir tiempo con usted, ya lo sabe, su intuición y sabiduría es tan admirada por mi como su belleza. Estoy seguro de que pronto podremos avanzar en nuestro mutuo entendimiento, pero, antes de eso permítame presentarle a mi pupila.- el cortesano se hizo ligeramente a un lado, desvelando una vez más a la joven del kimono anaranjado, que con un aire de calculada timidez, saludaba a madre con una profunda reverencia. -Ella es Kitsu Sadako, tengo depositadas muchas esperanzas en ella, aún en su juventud ya ha hecho encomiables progresos- ultimó.

-Eso tengo entendido Satoshi-san, escuché que en la corte de Akodo este año todas las miradas se centraron en esta joven.- Respondió mi madre, prosiguiendo las adulaciones.

-Tan informada como siempre mi señora, aunque no es la única que pareció causar impacto este año por las cortes de Rokugan.- añadió, mientras me miraba de soslayo.

-Hai, para mí es un placer presentarles a mi hijo, Kakitá Kazen, ya un destacado, a su edad, duelista de la escuela Kakitá- tras las palabras de mi madre, les dedique también una reverencia, menos pronunciadas que las suyas, pero adecuada al protocolo de la situación.

-Siempre es un honor conocer a un miembro de su prestigiosa casa, conociendo a vuestros padres, puedo ya decir que estáis destinado a brillar por encima del resto, joven-

Mientras hablaban no podía dejar de lanzar alguna mirada a la joven con la que me tocaría confraternizar. Por su parte, sentí mas de una vez su mirada en mí, escudriñándome, aunque cuando buscaba sus ojos, nunca los encontraba mirándome.

Poco después, tras poder dejar de ser parte del séquito de madre, decidí que el jardín sería un buen lugar para propiciar un encuentro casual. Iría a uno de los asientos a la sombra de los cuidados arboles a escribir, tras lo que con algo de suerte, ella exploraría el lugar y terminaría pasando por allí, encontrándome. Sabía que la idea de ir a buscarla directamente sería algo burda y delataría mi interés, expresando además impaciencia.

Finalmente acerté, pues tras estar un rato en aquel lugar escribiendo, aquella joven de rostro dulce pasó por allí, acercándose a mí para saludarme. Aprovechando que estaba escribiendo trabé conversación con ella sobre poesía y conseguimos entablar un hilo.

En principio pensé que quedaría satisfecha con mis incipientes creaciones, mientras le iba explicando algunos de los autores más destacados de la actualidad.

Pero aquella muchacha no tardó en, sutilmente, ir reconduciendo la conversación hasta hacer un recorrido por autores más alejados en el tiempo de todos los clanes, citando sus más famosos poemas, que no entraban entre mis conocimientos, por lo que solo pude atender y aprender de ella.

En algún momento, por la ofuscación de la conversación, llegué a decir que en poesía me consideraba bastante novato, hecho que dio pie a que se ofreciera a aconsejarme y compartir conmigo sus conocimientos. Lo peor es que lo dijo de una forma tan sutil, que era imposible tacharla de arrogante por afirmar que ella podía enseñar poesía.

Tanto era así, que sería tras despedirnos cuando me daría cuenta que en un simple rato de conversación había logrado ofrecerme amablemente ayuda, ofrecimiento que ya de por sí, como persona de honor debía estimar y agradecer.

En ese momento quedé pasmado al percibir la magnitud del rival que tenía ante mí…

Tras despedirme de ella, ya cuando la dama Sol estaba dando paso a su esposo en el firmamento, pensé detenidamente en como fue la conversación, y tuve una sensación de impotencia, que no había tenido nunca. ¿Qué podía hacer para cumplir la tarea que me había encomendado madre?.

Entre divagaciones e ideas, que al desarrollar en mi mente iban dando en fallos hiciera lo que hiciera, decidí acercarme al dojo, con la esperanza de encontrar a Nichi-sensei y que pudiera ofrecerme guía.

Allí fui. Al llegar me cruce con un par de compañeros que terminaban por hoy la sesión de entrenamiento tras hacer horas extra sin duda, pues el señor Luna ya había reclamado su lugar en los cielos. A mi llegada encontré solo al sensei en la sala, entrenando también, se me hizo extraño ver que él, con su consumada habilidad y experiencia, aún seguía practicando los ejercicios más básicos, como intentando perfeccionar lo inmejorable. Me miró un instante de reojo, sin dejar sus ejercicios, mientras me acercaba con cautela a él.

-¿Sensei? Gomen ne, sé que es muy tarde, pero necesito consejo, ¿podríamos hablar?-Alcancé a decir, con un tono de respeto. Él me miró y asintió, aún sin terminar sus ejercicios. Tras unos momentos, al ver que no proseguía para no molestarle en su entrenamiento, me dijo:

-Kazen, explícame tus dudas, te escucharé mientras termino.- Me miró.

-Esto…- trague saliva mientras pensaba por donde abordar el tema. -Mi madre me ha encomendado una tarea…- Hice una breve pausa, mirándole para saber si había reacción en él, no la hubo -…Me pidió que me hiciera amigo… de una cortesana león… y no sé bien como abordarlo.- Al escucharme el maestro paró de golpe, justo cuando terminé de hablar, por un momento pensé que le extrañaron tanto mis palabras como para dejar de hacer eso, pero simplemente había terminado justo en ese momento.

Tras echarme un vistazo de arriba a abajo, habló. -Eres educado, amable y perspicaz, a parte de agradable a la vista ¿qué problema ibas a tener en ser amigo de una cortesana león?- Dijo, mas como comentario para que entrara en detalles, que por hacerme algún tipo de cumplido.

-Bueno, el problema está en que madre me pidió unas condiciones amistosas concretas.- hice una pausa. -Debo de conseguir que me deba un favor importante y así quedar por encima de ella.- ultimé la explicación.

-¿Y?- dijo, mientras se acercaba a un armario del dojo dejando la espada y buscando otra cosa.

-Pues… la conocí hoy, pensé que si madre confiaba en mí no sería un problema. Pero comprobé que es muy astuta, ella pretende hacer lo mismo conmigo, y ya hoy, consiguió dejarme un poco en evidencia sobre mis conocimientos de poesía y literatura.-

El sensei soltó una risotada, mientras al fin tomó lo que buscaba, un tablero de shogi y las fichas. -Aún eres un crío.- Añadió mientras me instó a acercarme al centro de la sala, donde dispuso el tablero y las fichas.

No pude evitar sentirme incomodo por el comentario, aún así, ni dije ni mostré de forma alguna mi opinión. Me acerque junto a mi sensei y tomé asiento, mirándole cuando sentí que iba a volver a hablar.

-Kazen, desde hace tiempo pienso que eres mi alumno más prometedor.- Dijo, mientras ultimaba de colocar las fichas. -pero aún eres solo eso, una promesa. Los kami del viento te bendicen con la agilidad y velocidad en tus golpes, tu técnica es superior a la de cualquier bushi de tu edad, sin embargo, también tienes muchos defectos, Kazen.- Yo mientras, le escuchaba detenidamente.

-Uno de los mas graves es tu inexperiencia y falta de visión, y eso, solo se soluciona con el tiempo. Tus padres insistieron en que la mejor forma de adquirirla pronto era armándote samurái. Por mi lado, pienso que no se puede afilar una espada cuando aún esta al rojo vivo, ya lo sabes-

Me indicó que abriera yo la partida, moviendo ficha y así hice, en una apertura osada, cuya estrategia era simple, pero en pocos movimientos daba la victoria, mi preferida. Él lo sabía pues me había visto jugar con mis compañeros. -En cualquier caso, el tiempo dará la razón a quien la posea, y la verdad es que a estas alturas prefiero no acertar.- El sensei me sonrió. -te gusta sentenciar los resultados de un solo golpe directo, de hecho es casi la única forma que conoces de enfrentarte a cualquier problema. Ahí esta tu error.-

La partida empezó a desarrollarse, Nichi-sensei conocía bien mi estrategia y la evitó con facilidad. Una vez desbaratada, me di cuenta de que no sabía como reaccionar. Mi objetivo paso a ser simplemente proteger cuantas fichas podía de mi bando, para que mi rey no quedara al descubierto.

-No eres capaz de ver mas allá del primer golpe, Kazen, ese es el problema. Kakita-sama nos legó que cualquier enemigo podía ser derrotado de un golpe certero, pero en realidad nunca dijo que tuviera que ser el primero. Ese es tu error, y el mío por no haberlo corregido todavía, pero aún estamos a tiempo.- Hizo una pausa, mientras, yo le miraba, sorprendido de su análisis.

-¿Cual es el objetivo del Shogi?- dijo, mirándome.

-Capturar al Rey de tu adversario y defender al propio.- Respondí.

-¿Entonces, por que te estas dedicando a defender a ultranza cada ficha, Kazen?- dijo, al darme cuenta de que era lo que estaba haciendo, me rasqué la cabeza, sin saber que añadir.

-Básicamente, has lanzado una estocada fallida y tras eso, simplemente has defendido sin hacer nada más. Para ganar, hay que conocer primero a tu adversario y su estrategia, tras eso debes plantear la tuya. También debes estar dispuesto a hacer sacrificios Kazen, solo podrías vencer sin perder fichas si fueras muy superior a tu rival, pero cualquier oponente puede ser derrotado; se alcanza la victoria fingiendo utilizar tácticas ortodoxas, cuando lo que se tiene en mente es algo muy distinto… ¿lo entiendes?-

Tardé en asimilarlo, pero terminé por asentir, la partida había acabado ya con mi derrota, pero logré dar con la guía buscada.

Tras recoger, Nichi-sensei me dijo que le acompañara a la ciudad, que me ayudaría a conocer mejor las artes de mi adversaria…

Cual sería mi sorpresa cuando me llevó a una casa de geishas, le pregunté cómo iba a conocer mejor a una león por entrar en una casa de geishas, la verdad es que tampoco podía disimular mi turbación, pues sería mi primera vez. Su respuesta fue que si esa león era una mujer, de una familia tranquila como los Kitsu y cortesana, bastante. Por lo que ambos entramos al lugar y tomamos una habitación juntos, donde disfrutamos de las actuaciones, poesías e insinuaciones de las geishas.

Pude ver que no estaba equivocado en absoluto mi sensei, la voz suave de aquellas mujeres, su calculada timidez, sus oportunos roces entre nuestros kimonos, miradas de soslayo, y un, en general nada despreciable arsenal de sutilezas, no hizo mas que recordarme a Sadako, que emergió a mi memoria varias veces durante la noche.

Aunque no pude evitar quedar embriagado por los encantos de las jóvenes que nos entretuvieron, procuré no perder detalle de cada gesto, tal y como me habían enseñado que debía estar atento de ellos en la corte, memorizándolos e intentando comprender su nada casual significado. En verdad fue una noche provechosa.

Transcurrieron los días en el castillo, las reuniones en privado entre mi madre y el león eran frecuentes, lo que dejaba bastante tiempo al resto del cortejo para dedicar a otros menesteres.

El duelista león que acompañaba al Ikoma pidió ver su postura a Nichi-sensei, desafío que este aceptó y su reticencia a reconocer la superioridad de mi sensei se saldó con el corte del obi del león para su desgracia.

Por mi parte, medité una estrategia adecuada; si lo primero era conocer a mi enemigo necesitaría ayuda y delante de mi tenía mi baza, Hiori. Le explique la situación…

-[…] Por eso ahora el siguiente paso es saber mas de ella, ¿qué opinas?-

-Sama, creo que es una gran idea, intentaré averiguar todo lo que pueda de ella, si así lo desea-

-Debes ser cauta- Añadí.

-Hai.-

-Pero no se trata solo de averiguar sobre sus intereses, debemos darle pistas para conducirla y ver como reacciona a ellas, también tengo que pensar en cómo atraerla.-

-¿Atraerla, sama?- me miró sin entender.

-Hai, la verdad es que me he dado cuenta que no se cómo tratar a una cortesana fuera de los formalismos.-

-Entiendo.- dijo mientras asentía.

-¿Qué me sugerirías?-

-Esto…- se puso a pensar. -A las mujeres les gusta que las hablen de amor.-

-¿Amor? ¿Pretendes que la seduzca?- Pregunte en parte por descolorarla y en parte extrañado yo también.

-No… no hablo de eso, sama.- Inclinó la cabeza como disculpándose por corregirme -Quería decir… que a las mujeres que no son guerreras, les intimida que las hablen muy fuerte o que la otra persona les hable solo de sus logros bélicos o de competiciones físicas, aunque presten atención suele terminar por aburrirlas. A las mujeres les gusta que les hablen de amor…-

La miraba perplejo, ella se ruborizo, antes de proseguir.

-… Por ejemplo, les gusta saber si alguna vez ha amado a alguien la otra persona, su forma de describir ese sentimiento, sus sueños más allá de las conquistas bélicas… que intercale insinuaciones veladas en sus frases… no sé bien como explicarlo.-

Alcé una ceja mientras la mirada, ella se estaba poniendo colorada por momentos

-Por… por ejemplo, decirle “las tardes de primavera se disfrutan más en compañía ¿no crees?” “Siempre pensé que por la persona que amase iría hasta el fin del mundo sin dudarlo.” “Me encanta la literatura y es tan difícil encontrar a alguien realmente interesante con quien intercambiar opiniones.”… Frases con las que se pudiera sentir identificada y que la dejen en buen lugar, como si le interesaseis.-

-Creo que lo entiendo.- Ultimé, ella asintió con alivio pues no era muy dada a explicarse, hice una pequeña pausa para recapitular.

-Sería interesante también que a la vez que averiguamos más de ella intentar encauzarla con pistas.-

-¿Encauzarla, sama?-

-Sí, quiero que también busques la forma de que lleguen a sus oídos algunas de mis aficiones, y cuando se me ocurra invitarla a hacer algo que se rumoree un par de días antes sobre ello, para que llegue a sus oídos. Así conseguiremos que esté atenta a rumores y se prepare para adaptarse a lo que escucha, en vez de ser ella quien elija el terreno y quien tome la iniciativa.-

-¿Pero si está prevenida, no será mas difícil dejarla en evidencia, o descolocada Kazen-sama?-

-Nunca se trató de eso, se trata de que seamos amigos…- sonreí como final de la conversación.

Mientras los días en que permanecerían en el castillo finalizaban, Hiori se encargó de cumplir lo mejor que pudo mis peticiones. Antes de partir averiguaría que es bastante orgullosa, y que tiene miedo a las armas desenvainadas, aunque sean solo dos bushi practicando parece ponerse nerviosa en esos trances. En cuanto a aficiones, según sus criados le apasionan los títeres, la escultura y la poesía. Todo esto lo averiguó, usando algún intermediario adicional para no llevarse excesiva atención, Hiori sabía lo que hacía.

Por mi lado iba zigzagueando en mi disponibilidad para con ella, nos veíamos a menudo, aunque algunos días buscaba algo que hacer para que no me lograra envolver totalmente con su retórica. Aun con las precauciones, ella por su lado sabía captar bien mi atención en las conversaciones, deleitándome con sus amplios conocimientos literarios y de cultura general.

Imaginé que mientras estuviéramos en casa, no podría encontrar nada que me dejase en una posición de necesidad para con ella, por lo que optó por tenerme cerca y entablar relación sin más, por el momento.

El día de partir a la capital llegó. Dos cortejos se prepararon con todo lo que necesitaríamos para el viaje, antes de irme, padre me dio un último consejo. -Recuerda hijo, que aunque tu madre quiera hacerte jugar a cortesano, eres un espadachín, no intentes ser lo que no eres, demuestra que tu senda es la correcta. Honorable y victoriosa.- El recuerdo de esas palabras me entretuvo todo el viaje, pensando en su aplicación práctica.

Tras instalarnos y acomodarnos en los salones de la corte, Sadako y yo continuaríamos nuestro juego en el nuevo escenario que teníamos entre nosotros. La modosa jovencita león se iba soltando y desenvolviendo mucho mejor que cuando estábamos en mi casa. Las reuniones y eventos sociales se iban sucediendo.

Uno de los pasatiempos más apetecibles de la ocasión fue uno de esos banquetes de las aguas sinuosas, que se celebraban a menudo en los jardines exteriores de palacio, cuando acompañaba el buen tiempo, allí entre sake, y poesía, la élite de la sociedad aprovechaba para charlar con conocidos o ampliar su lista de contactos.

Algunos de los que habíamos viajado en aquel cortejo hacía poco, nos habíamos sentado juntos, para poder proseguir con nuestras relaciones o simplemente por la comodidad que reporta estar con conocidos, incluso en este grupo de personas había pequeñas subdivisiones entre las conversaciones. Madre y aquel cortesano Ikoma se sentaban ligeramente apartados, como a sus cosas, mientras algunos escoltas hacían su propio subgrupo hablando de su valía en batallas. Por nuestro lado, Sadako, y yo hablábamos de nimiedades mientras escuchábamos los poemas que iban recitando los cortesanos.

-[…] Pues sí, la verdad es que siempre me gustaron las grandes tragedias amorosas, en especial las adaptaciones de Ikoma Satoi me han embriagado el corazón- Me dijo Sadako, con suavidad y dulzura.

Yo la respondí con soltura. -Bueno, yo prefiero aquellas con un final feliz gracias al valor y la astucia de los amantes, en especial la “Flor de Iris Rokuganesa” de Kakita Thoji, narra la historia de dos jóvenes de familias rivales, condenados a amarse por el destino y a odiarse por sus familias, pero la persistencia del protagonista, luchando contra los verdaderos instigadores de ese odio, llevando su cabeza a la justicia y a los pies del señor de su amada para enmendar el daño que se habían hecho las familias…

Ojalá un día encuentre a alguien por quien arriesgar mi vida por amor, alguien que me hiciera latir tan fuerte el corazón como para desoír el consejo de la familia e ir mas allá de lo imaginable por tenerla a mi lado, gracias a mi valor y astucia- conforme decía esto, me ensimisme ligeramente, con un tono de voz que resultaba cuanto menos evocador y un rostro que expresaba que en verdad creía en lo que decía.

Sentí su mirada atenta mientras dije eso último, y aún cuando terminé no añadió nada, mirándome embobada.

Fue justo en ese idílico momento, cuando nos interrumperon un par de mujeres jóvenes de la familia Doji, las recordaba bien Doji Ayako y Doji Yoriko, dos primas segundas mías, por parte de padre concretamente. Las conocí el año de mi gemppuku, en Kyuden Kakita.

Si nos centramos en ellas, las definiría como frívolas, sí, incluso para los estándares grulla, más que como diplomáticas propiamente dichas, su misión en la vida era encontrar un buen marido, para ello cuentan con no pocas aptitudes, todo hay que decirlo. Eran hermosas, jóvenes, de muy buena familia, educadas en todo lo que una mujer debe saber y sospecho, que en alguna cosa más.

Cabe aclarar, que tener como objetivo conseguir un buen esposo, no es una labor en absoluto inútil para el clan, pues es tradición en la familia Doji que excepto en el caso de las personalidades más importantes todo el que se despose con un miembro de esa familia adopte su apellido y jure lealtad a la familia Doji. Lo que implica la posibilidad de atraer al clan a gente con algún talento o posición interesante e incluso en el caso de que el esposo tenga el suficiente prestigio como para conservar su apellido, su heredero llamaría a una de estas muchachas “madre”.

Hechos estos pequeños incisos, el caso es que estas dos muchachas nos interrumpieron, acercándose a saludarme fogosamente ante la perplejidad de Sadako, rompiendo toda la escena.

Empezaron a hacerme preguntas y a hacer un patente vacío a Sadako. Hasta le lanzaron alguna mirada de soslayo, como insinuando lo fácil que era dejarla ahí plantada. Por mi lado, simplemente les prestaba la atención necesaria para no parecer maleducado, entre las preguntas y anécdotas que se turnaban en decir.

Sadako contraatacó con la sutileza necesaria, se acercó al duelista Akodo del grupo de su sensei, estaban muy cerca, por lo que la conversación se escuchaba desde nuestra distancia. Dejó caer que aquel hombre era el vencedor de un importante torneo en la capital, lo que captó la atención de aquellas dos muchachas, que viendo mis largas en aquel momento terminaron por cambiar de objetivo y abordaron al, (al menos en mi opinión) desdichado león. Viendo su rostro al ser abordado, diría que compartía opinión conmigo. Mas aún, fijó su mirada en Sadako, reprochante y enfadado por la trampa, a lo que ella hizo un gesto de restarle importancia y volvió conmigo.

-¿Como decíais que se llamaba ese libro, Kazen-sama?- retomó la conversación.

-”Flor de Iris Rokuganesa”, se llama así, por que la flor de iris crece en plena época de lluvias, sin sol, y ademas florece dos veces al año… como dos veces pudo renacer el amor de los protagonistas…-


Libro de Visitas

Eduardo Tapia Quesada ©

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Escrito por Desstri el 01/03/15

La senda de la grulla II


El camino de un grulla by lucia

Los días siguieron en la ciudad capital, tuvimos la oportunidad de ir a una actuación de títeres, que entusiasmó bastante a Sadako.

Conforme los días pasaron, y las negociaciones entre la Grulla, el Escorpión y el León evolucionaban, un nuevo grupo parecía hacerse notar en estas negociaciones. Los Cangrejo, liderados por Yasuki Riki parecían tener algo que ofrecer al León, lo que desbarataría parcialmente los intereses del Escorpión y también dejaría en mala posición a la Grulla.

Con esto en mente, madre y el embajador Escorpión Bayushi Tanzo se reunieron en una comida privada para ver cual sería el siguiente paso a dar, madre me pidió que fuera.

Antes de ir, madre me informó de que el Ikoma tenía que ausentarse unos días de la corte, y que no me extrañase si veía más evasiva a Kitsu Sadako, el motivo era que no querría comprometer a su sensei con su inexperiencia.

También me explicó que intuía cuales eran las intenciones de aquella muchacha para conseguir que le debiera un favor, en secreto, estaba hurgando en una vieja herida de nuestra familia con el Escorpión, para con esa excusa, ponernos a ambos en mala situación en todo este juego. Por eso mismo, hoy moveríamos ficha.

El día de la comida junto a mi madre llegó. Estuve con Sadako por la mañana, en una actuación kabuki mientras intercambiábamos impresiones sobre ella. Al despedirme, tal y como me indicó madre, le dije que estaría ayudando a mi madre con sus audiencias un par de días y no podríamos vernos.

Esto al parecer era una precaución extra, para que no adivinara las conclusiones que sacaríamos de aquel almuerzo con el Escorpión hablando conmigo.

La reunión comenzó, con saludos y adulaciones mutuas como preliminar. Mi madre lucía radiante con un kimono azul celeste con unos exquisitos dibujos de una grulla abrazando con su ala una katana, que podía observarse tanto cuando juntaba las mangas, como mientras movía los brazos con la sutileza que le caracterizaba, pues el vestido representaba ese dibujo, de tal manera que las mangas y el torso se superponían para que se viera siempre una bella obra de arte dibujada sobre exquisita seda.

Por su lado, el Escorpión lucía un elegante pero sobrio atuendo, denotaba ser lo suficientemente caro y ornamentado como para que expresara una alta posición social, pero sin las ostentaciones del vestido de madre.

La conversación fue haciéndose más especifica por momentos, no tardaron mucho en entrar en materia. Junto con el cortesano Escorpión había también otra joven, era hermosa, de un porte muy distendido (pese a la mascara) me recordaba un poco a Hitomi, me miraba con una sonrisa tímida, aunque apenas pronunciaba palabra, de hecho yo tampoco intervine apenas, solo estábamos de oyentes.

[…] -¿Entonces es cierto que están hurgando en llagas que ya deberían estar cerradas, Tanzo-sama?, Eso me parece de muy mal gusto, a parte de poco honorable e inútil. Satoshi debería de saber a estas alturas que sois un hombre práctico, mi estimado Tanzo-sama.-

El escorpión parecía sonreír, pero solo era una sensación, pues la máscara cubría el rostro del Bayushi, -Es cierto que tengo fama de ser práctico, mi señora, pero también tengo mi honor y debo velar por el de mi familia.-

-La mejor manera de velar por la familia es buscar su beneficio.- Madre posó los palillos de comer sobre la mesa. – Y un clan como el León poco puede ofreceros, a parte de soldados.- Dijo soldados con un desprecio palpable, como si hablara de una nimiedad. -Pero nosotros somos gente de paz Tanzo-sama, creo que nos entenderemos mucho mejor.-

-Vamos, Hanako-sama, estáis siendo muy críptica, no son necesarios tantos rodeos aquí, buscáis que ese Yasuki rompa las relaciones con Satoshi, ¿Verdad? ¿Qué tenéis en mente?-

-Aunque obligados por la coyuntura a alinearse, el resentimiento velado que guardan Yasuki Riki e Ikoma Satoshi es patente, creo que podríamos aprovechar para enseñarle lo nocivo que es explotar el pasado para crear disputas en el futuro.

Tanzo-sama, esta semana la joven pupila de Satoshi está sola en la corte, apenas pisa ningún sitio importante ella sola, pero a la fiesta de pasado mañana ira con mi hijo. Si alguien hiciera que Yasuki-san tuviera la feliz idea de aprovechar que está indefensa para exponer los tejemanejes que ha estado llevando a cabo esa jovencita e incitar un duelo, conseguiríamos dejarle fuera de juego.-

-¿Dejar a quien mi señora? ¿Al Yasuki, o al Ikoma? El duelista león que viaja con Ikoma-san es muy bueno según dicen, y Riki-san no es tan estúpido como para arriesgar su prestigió en un combate que probablemente pierda su yojimbo.-

-Satoshi-san tiene un excelente duelista a su disposición, pero la joven Sadako-chan no lo tiene.- Mi madre sonrió, como si todo estuviera saliendo según lo previsto.

-¿Y cómo es eso, por qué no iba a ayudar a la pupila de su señor?- el tono del Escorpión era muy neutro, como si en realidad fuera una pregunta retórica.

-Porque la jovencita Kitsu es muy poco cuidadosa con sus aliados, lleva haciéndo desaires al duelista desde que nos reunimos en el castillo. Primero con el duelo que incitó sin siquiera darse cuenta entre el sensei de mi hijo y el león al compararlos, el cual terminó de forma humillante para el último, después poniéndole en malas situaciones con algunas cortesanas de palacio. Aquel hombre odia a Kitsu Sadako, y no tiene ninguna obligación de defenderla a ella, solo a Satoshi.- Explicó mi madre con calma, dando datos suficientes como para desvelar todo lo que había estado tramando delante de mis narices sin que me diera cuenta, pero sin terminar de dar detalles de como orquestó tales cosas.

-¿Entonces, se trata de que la Kitsu pierda su prestigió? Pobre muchacha.- añadió Tanzo con regodeo.

-No exactamente, el yojimbo del Yakusi perderá.- Añadió mi madre convencida.

El Bayushi la miró unos instantes -¿Vais a arriesgar el prestigio de vuestro hijo?, podría perder.-

-¡No perderé!- Me exalté a decir al escuchar al Escorpión, aunque ni siquiera era consciente de contra quien debía enfrentarme. Este me miró.

-Ya ha escuchado a mi hijo, Tanzo-sama- secundó mi madre.

-Está bien, si hago lo que me pedís, la Kitsu os deberá un favor, el Ikoma más o menos también, a la par que ganareis en ese jueguecillo vuestro. El Yasuki al empeorar tanto las relaciones entre él y el león con ese acto, tendrá que recurrir a intermediarios grulla aunque les odie también…¿Y qué ganaría yo por orquestar todo eso?-

-Vamos Tanzo-sama, no seáis así, sois buen consejero, se que sabréis encauzar este disturbio para que vuestras asperezas con el León, se diluyan ante el conflicto con el Cangrejo que se crearía. Eso reavivaría el comercio por el paso Beiden con sus respectivas tasas comerciales, a la par que os quitaría de encima un problema de felinos enfurecidos a vuestras puertas. Ocupados ahora con el Cangrejo.-

Y… creo que podré hacer algo para velar porque la joven Yinari-san sea pupila del maestro Doji de la escuela en persona. -Esto último no lo llegue a entender - ¿Acaso el beneficio de nuestra amistad no es palpable, Tanzo-sama?

-Como siempre, sus palabras son música para mis oídos y su presencia un regalo para la vista Hanako-sama, creo que hemos llegado a un acuerdo, cumpliré mi parte.- Dijo el Escorpión ya terminando la reunión y el almuerzo.

Al fin, ambos Escorpiones se levantaron de sus asientos y se inclinaron corteses ante nosotros. Bayushi Tanzo añadió antes de irse: -Estate preparado joven, pronto llegará el momento en que todo dependa de ti.- Y marcharon al fin.

Tras marchar miré a mi madre algo apesadumbrado, toda esta urdimbre no dejaba de parecerme demasiado despiadada para con Sadako. Así, en solitario, alcance a decir -Oka-sama ¿esto esta bien? ¿Esto no nos mezcla en asuntos turbios y deshonrosos con Escorpiones?- Dije, no sin cierta cautela y tono anormalmente humilde

-Hijo, estamos en guerra.- Me miró mientras me sorprendía por su noticia, al no entender inicialmente sus palabras. -el León y cada uno de los samurái que les representan solo están buscando la ocasión para arrebatarnos lo que es nuestro, nosotros no somos tan belicosos como ellos, no podríamos luchar en su campo, pero tenemos el nuestro.-

-Conoces los ensayos de Akodo un ojo sobre la batalla, ¿verdad? En ellos dice que debes llevar al enemigo a un terreno ventajoso antes de plantar batalla y ponerle en una situación comprometida para que no pueda pensar con claridad. Y nadie, incluido nosotros, duda del honor del Kami Akodo. Solo estamos siguiendo su consejo, pero en nuestro propio campo de batalla.- Me miraba seria, aunque no enfadada, por mi comentario. -Recuerda también, que por mucho que hayáis llegado a congeniar, esa muchacha busca tu desgracia, someterte a sus intrigas.- ultimó.

Aunque me pesara, entendí perfectamente lo que me dijo. Nos levantamos, al hacerlo otra cosa mas vino a mi mente. -Madre, en realidad no tenía que hacer nada, ¿Verdad? En todo este juego de amistades y favores… al final he sido un peón de la partida y no quien lo ha desarrollado.- Dije, también con cierto pesar.

-Kazen, tú has sido la clave de todo esto, si no hubieras congeniado con ella, no podríamos ahora esperar que te requiriera como duelista, si no la hubieras mantenido ocupada, se habría percatado de nuestras intenciones, si no hubieras hecho tu parte para que el duelista león odiara a la Kitsu, nada de esto tendría sentido. Ahora, hijo mío, en tus manos estará darnos la victoria, has sido mucho más que un peón, pero ya te dije que no estarías solo.- sonrió, mirándome tras ultimar el breve discurso para darme ánimos, y al fin nos retiramos del comedor.

Pasaron los dos días sin ver a Sadako-san, los aproveché para repasar el mentado libro del liderazgo de Akodo, hubo pasaje que subrayé en mi mente “Debes golpear cuando tu enemigo esta aun haciendo sus planes.” Sin duda, mi madre sería un adversario temible en cualquier campo de batalla…

Al fin nos volvimos a reunir Sadako y yo. Ya habíamos acordado de antemano esta cita por lo que contaba con que no fallaría. Mientras recorríamos los pasillos y jardines de palacio nos poníamos al día sobre nuestra vida, tuvo un par de sutiles intentos de averiguar que hablamos en aquella reunión con el Escorpión, pero al ser tan leves no daban al caso a entrar en detalles, por suerte.

Llegamos a la inmensa sala, decorada para la ocasión y llena de todo tipo de personalidades, desde simples cortesanos a daimyos de algunas de las familias más poderosas del imperio. El emperador no estaba presente en aquella ocasión, ni el campeón esmeralda. No tendrían que presenciar todo esto.

Nos mezclamos entre el gentío como solíamos hacer en las fiestas, saludando a conocidos, observando el panorama y distribución de los cortesanos.

Mientras, la trampa ya se había terminado de gestar, pude ver de reojo al imprudente Yasuki enfilar con su mirada a Sadako-san, esperando el momento en que estuviera más relajada en este ambiente, con la guardia baja para abordarla con sus reproches.

Por sus lados, podía ver a madre, a la cual me terminé acercando a saludar y en otro al escorpión, que tras su máscara se hacía imposible escudriñar si miraba a la leona, el cangrejo, los grullas o a nadie en particular. Lo poco que se podía intuir de él, era que parecía estar muy relajado, como si nada ocurriera.

Cuando terminaba de saludar a madre, fue cuando el cangrejo entró en acción, con paso decidido y rostro de enfado, se acerco a Sadako gritando su nombre con saña, ella dio un respingo asustada y desvió su rostro hacia el Yasuki, junto a muchos otros cortesanos. Este, expuso exaltado una retahíla de agravios, que incluso a mí me sorprendieron. Algunos también eran contra otros clanes y mostró algunas pruebas, (no muy concluyentes por cierto) de ello. Al fin, en su furia, la retó a duelo… a un duelo a muerte…

Mire a madre impresionado por este giro. Ella, con un rostro duro que no terminaba de delatar sorpresa miraba al escorpión -¿A si que quieres subir las apuestas?-, la escuche murmurar a mi corta distancia, tras eso, me miró, y me asintió firmemente como única respuesta. Debíamos proseguir tal cual.

Por su parte, la expresión de Sadako reflejaba terror muy mal disimulado. No estaba preparada para eso, lo veía en sus ojos, quizás fuera una samurai de un honorable clan, pero no estaba preparada para quitarse la vida, y eso embargaba su mente. Ella sabía que el duelista de su maestro la odiaba y no podía dar su nombre como campeón, tampoco estaba su sensei para ayudarla a salir de este atolladero, ni ningún duelista león para tener la oportunidad de hacer un acto de honor ofreciéndose a defenderla.

El Yasuki inmediatamente designó a su campeón en este duelo, un Hida veterano en su escuela. Ella debía hacer lo mismo. Podría tal vez pedir tiempo para encontrar un campeón y para hablarlo con su sensei, pero eso la dejaría a ella y a Ikoma Satoshi en evidencia delante de toda la corte aquí reunida, por no tener ningún aliado que dé la cara por ellos, y ella lo sabía bien. Esto quizá le diera igual a un bushi, pero para un par de cortesanos era tirar su prestigio y la confianza que debía emanar a la basura.

La angustia de sus ojos iba aumentando. Muy probablemente no conocía a ningún otro duelista competente dispuesto a defenderla, miró a su alrededor desesperada, hasta que, entre el gentío, sus ojos se cruzaron con los míos, asentí cuando me miró, indicándola que estaba a su lado. Ella abrió los ojos esperanzada, como si le acabara de salvar la vida, ni siquiera recordaba nada de nuestro supuesto juego, esto había llegado demasiado lejos para ella.

Al fin, recobrando la compostura, miró a Yasuki Riki, y con seguridad pronunció un nombre. -Mi campeón será Kakita Kazen-sama.-

El Yasuki pareció bastante descolocado al oír eso, miró hacia el grupo de grullas, entre los que me encontraba. Luego miró a los escasos otros cortesanos león de la sala. Por último, desvió la mirada hacia donde estaba Bayushi Tanzo. Pero no le miraba a él, sino a la mujer que había justo detrás suya. La miraba fijamente, con el odio de aquel que ha sido traicionado, era la joven que nos acompañó en el almuerzo hace un par de días.

Poco a poco, la situación volvió a la calma, una vez decidido todo en el duelo, la fiesta fue recobrando el murmullo que la caracterizaba, el Yasuki se retiró de la sala de inmediato, la Kitsu, parecía clavada en el sitio hasta que el Yasuki se retiró, cuando al fin volvió en si, se acercó a mí.

-Ka… Kazen-sama, domo arigatou por ser mi campeón este duelo, le… le debo un gran favor, nunca podré agradecérselo lo suficiente…- Decía, con una voz incluso más suave de lo que ya era normalmente, parecía estar a punto de romper a llorar. Tras decir eso, se marchó.

Decidí ir detrás de ella, aunque ví de soslayo un gesto de disconformidad en madre, lo ignoré y fui.

Siguiendola, logré alcanzarla en los jardines, donde la agarré por un instante de un brazo para que parase. Así hizo, cuando volvió su rostro hacia mí, estaba lleno de silenciosas lagrimas.

-Kazen-sama… qué… ¿Por qué ha ocurrido algo así? Esto no puede estar pasando… Satoshi-sensei… yo… tú…- Sollozó sin decir más.

-La corte es algo que escapa de mi comprensión, pero ese Yasuki debe de estar loco. Siento que esto haya ocurrido, de verdad.- Alcancé a decirle, procurando que mis palabras no me inculparan en lo ocurrido, la verdad es que lamentaba todo esto.

-¿Lo sentís?- hizo una mueca entre sollozos -Habéis ganado, Kazen-sama, yo… os debo la vida.- Dijo mirándome.

-Me hubiera gustado que ninguno hubiese perdido, Sadako-san, he disfrutado todo este tiempo contigo y no me arrepiento de tener que arriesgar mi vida por la tuya.

Ojalá no me guardases rencor.- Lo dije con una sinceridad absoluta, enfatizada por mi rostro angelical y mi melodiosa voz.

Ella me miró fijamente, y se acerco un poco a mí. -Os creo, Kazen-sama, yo también he disfrutado mucho contigo, me habéis salvado la vida no puedo guardaros rencor. No os guardo rencor…- Tomó aliento como si quisiera coger fuerzas y de repente, me abrazó. Tras eso emitió un par de sollozos, mientras parecía reconfortarse en mi hombro. -Esta… estaba muy asustada, no sabía que hacer, si no llegas a estar… Ka… Kazen-sama, en verdad os lo agradezco… por favor, no muráis.-

Me sorprendió de sobremanera que me abrazara así, pensé que me reprocharía todo esto, que me odiaría por lo que acaba de ocurrir, pero en verdad su abrazo parecía buscar protección en mí.

Decidí estrechar mis brazos en su espalda también, mientras terminaba de sollozar. Nos pasamos unos momentos así, no añadimos más hasta que nos separamos de este abrazo.

El día del duelo llegó al fin, los por menores habían sido hechos. Teníamos el permiso de nuestros señores y estarían de testigos.

Satoshi ya había regresado de su viaje para cuando llegó el momento del duelo. Su ira por la situación, era casi imposible de ocultar, pero todo estaba ya ejecutado, poco podía hacer salvo esperar el desenlace. Aunque mirando su rostro, creo que prefería que yo perdiese y que Sadako-san cayera conmigo.

Madre por su parte, me había lanzado varias miradas de preocupación a lo largo de estos días, pero segura de que ganaría (o eso espero) no dijo nada para no cargar su preocupación en mí.

Tuve la oportunidad de hablar con Nichi-sensei una vez más, quien me explicó la técnica y estrategia de los cangrejos. Si querían un duelo a muerte, era precisamente por que su técnica se basaba en la resistencia sobre la velocidad y en el Kenjutsu sobre el Iaijutsu. Aunque el duelo era de lo segundo, por tanto mi principal oportunidad de éxito residía en golpear tan duro como para que no pudiera resistir mi primer golpe.

Dicho así, no parecía muy difícil, más cuando conocí a aquel hombre, vi una mole de casi dos metros de altura y un metro de ancho, lucía una barba negra y portaba ¿armadura?.

Llegó el momento del duelo, en un lado de la sala, alejada (¿o exiliada?) de Ikoma Satoshi, se encontraba Kitsu Sadako, que me miraba con ojos de cordero degollado, mientras juntaba las manos como si estuviera rezando.

Al otro, el Hida, y su protegido, Yasuki Riki, que miraba todo esto con rabia contenida, Solo un loco apostaría su vida en duelo contra un Kakitá. Era un duelo que bajo estas condiciones no deseaba ninguna de las partes y sin embargo, a estas alturas estaban obligados a efectuar.

Bueno, el Hida no parecía tan indispuesto como su protegido para el combate, me miraba divertido, probablemente pensando que era un canijo en comparación con él y pensando que no tendría ni para empezar.

Nos pusimos en nuestros lugares, comenzaron las presentaciones.

-Escuela de Bushi Hida, Hida Takade hijo de Hida Shinae, aquel que ha asesinado un ogro con sus manos desnudas… la senda del cangrejo-

-Escuela de duelistas Kakita, Kakita Kazen, hijo de Kakita Kaiten, la senda de la grulla-

El cangrejo tomó una postura básica de Iaijutsu, sosteniendo con una mano la saya y con otra la empuñadura del arma. Por mi lado, extraje la saya del obi y puse mi mano derecha bajo la empuñadura de Tsuya, como quien ofrece un regalo.

Nuestras miradas se cruzaron el tiempo suficiente como para estar seguro de que no reaccionaria a tiempo ante mi golpe, la tensión se cortaba con un cuchillo, Un instante tan eterno como la vida y que al igual que la muerte, no se hizo esperar.

En un instante, todo había acabado, un destello brilló en la sala y un chorro de sangre surcó el aire, mi golpe había sido certero y había hecho una profunda herida en el torso del cangrejo, de la que manaba sangre en abundancia, debía estar moribundo.

Sin embargo, eso no pareció impedirle desenvainar a él también y lanzar un duro golpe contra mí, del cual me aparte dando un salto atrás.

Tras eso, todo lo rápido que le permitieron sus heridas, se abalanzó a mi, intentando ensartarme con saña, pero volvió a cruzarse con el filo de mi hoja Kakitá.

Aun todavía, le quedaron fuerzas para encajar un último golpe y mantener mi arma hundida en su cuerpo para que estuviera indefenso contra su golpe, me hirió en un hombro, por suerte sin demasiada contundencia, gracias a sus heridas. La clavícula paró la estocada en dirección al corazón. Moví mi espada incrustada en su cuerpo, ahondando el surco de la herida. Al fin, el Hida cayó desangrándose a mis pies.

Así finalizó el combate. Mi primer duelo a muerte.

Lo único que queda por narrar para con este relato, pues desconozco la verdadera magnitud de este duelo en las cortes, es la despedida. La cortesana Kitsu pronto regresó a casa tras este desventurado incidente, con un sensei enfadado a sus espaldas.

Aun así, la noche antes, pudimos encontrarnos en los solitarios jardines de palacio, espiados solo por la luna.

-Me temo que este es nuestro adiós, Sadako-san-

-No… no deseo irme Kazen-sama-

-Me ha gustado conocerte y no me arrepiento de arriesgar mi vida por ti- Le sonreí

-Os debo la vida y más que eso, Kazen-sama, nunca os olvidare, por… por favor mantengámonos en contacto.- Tomó mis manos.

-Yo tampoco te olvidaré, Sadako-san,- me acerqué hasta estar pegado a ella, y tras un instante mirándonos a los ojos, la besé largamente.

No la volví a ver, aunque durante unos meses mantuvimos una animada correspondencia. Por desgracia al comenzar el conflicto que terminaría por hacer perder a mi familia sus tierras, tuvimos que cortar nuestro contacto, por temor a ser utilizados como espías…

¿Qué habrá sido de la joven Kitsu? Eso sí, aun me debe un favor. Pues esta es la senda de la grulla.


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Eduardo Tapia Quesada ©

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